El verano de 2009 quedará en el historial del Aconcagua y del montañismo, Habrá un antes y un después a partir del rescate realizado a la expedición italiana.
La tragedia del grupo guiado por el andinista Federico Campanini movilizó más de medio centenar de personas en la montaña y quien sabe cuantos fuera de ella, lo cierto es que se trató de uno de los mayores operativos de rescate realizado en la historia del Aconcagua. Finalmente, luego de mucho trabajo y energía invertidos, se pudo dar con el grupo, quienes se encontraban en un lugar y situación crítica, sobre la parte superior del Glaciar de los Polacos a 400 metros por debajo de la cima. Se consiguió salvar la vida a tres de los cinco integrantes. La italiana Helena Senin había fallecido a raíz de un edema pulmonar pocas horas después de hacer cumbre. Campanini, a la llegada de los rescatistas se encontraba en un estado muy delicado de salud. Finalmente, tras un frustrado intento de rescate, falleció.
Pocos días después se difundió un video de escasos minutos donde se muestra el peor momento del rescate, donde los esfuerzos desesperados de todos –incluido el rescatado- no brindaban resultados, aquella instancia donde los rescatistas debieron tomar una determinación trascendental. Una situación desesperante, donde la vida de todo el grupo de rescatistas corrió un serio peligro.
No me explayaré en más detalles de lo sucedido, pues hay muchas páginas escritas sobre el suceso, solo deseo puntualizar, desde la perspectiva de la práctica del montañismo, algunos aspectos con el objeto de ver que es lo que podemos sacar en claro para aprender y crecer.
Ficción vs realidad
En los últimos años, la pantalla grande ha generado una surtida gama de películas de acción relacionadas con el montañismo. En todas ellas se ve a los personajes corriendo y saltando en los Himalayas, portando explosivos en sus mochilas, generando avalanchas y saliendo de ellas como si nada; vemos al mítico Stallone ascendiendo montañas con una remera mangas cortas y haciendo frente a temperaturas extremas, patrullas de rescate con toda la tecnología -existente o no- que realizan proezas, pilotos de helicóptero que se detienen a escasos centímetros de enormes paredes verticales, y cientos de ejemplos que podrían ocupar muchas líneas.
Estas ficciones y situaciones totalmente irreales, se instauran en la gente que no está familiarizada con la montaña y se normalizan, llegando muchos a creer que nuestra actividad es literalmente así. Lamentablemente al montañismo nacional le falta una correcta difusión, la cual equilibraría la balanza al momento del análisis de situaciones como la acontecida. Pero claro, no es una tarea para nada fácil, pues, se trata de un producto invendible, quizás demasiado aburrido para un público que exige acción, drama, conventillo y hermosos traseros.
Entonces, la ficción y la realidad quedan en un mismo plano, dando lugar a los opinólogos de siempre, que, con aparente total autoridad y gran soltura hablan de la montaña y las condiciones que en ella imperan, generando opiniones, juicios y sentencias, que, en la mayoría de los casos, terminan confundiendo y convenciendo a la opinión pública de algo cimentado en un total y absoluto desconocimiento.
Rescatamos de los párrafos precedentes un par de cosas:
- El montañismo nacional necesita más difusión. Es inconcebible que en un país con más de 3.000 km de cordillera, donde se encuentran reunidas las montañas más altas del planeta después del Himalaya, o las montañas más difíciles como las de Patagonia, o las más inhóspitas como las del Noroeste y extremo sur del país, nuestro deporte no esté incorporado en la sociedad, dando lugar a que las ficciones se confundan con las realidades.
- Para opinar hay que conocer, y, si no se conoce del tema se debe recurrir a los que si, especialmente, antes de emitir un juicio de valor o sentencia que tiene repercusiones en la sociedad.
¿Error humano o mala suerte?
El montañismo es una actividad de riesgo y quienes lo practicamos debemos asumir eso. Sin embargo, que sea de riesgo no significa que uno va a la montaña a jugarse la vida o a arriesgarse. Esta es la base y punto de partida del montañismo, asumir de entrada que se trata de una actividad potencialmente peligrosa, para la cual debo prepararme física, técnica, intelectual y emocionalmente, a los efectos de evitar o minimizar las situaciones de riesgo. Cuanto más me entreno, menos posibilidades tengo de pasarla mal en la montaña; cuanto mejor domine la técnica, más seguro transitaré por los pasos difíciles; cuanto más haya leído y conozca acerca de otras experiencias y de la montaña donde me encuentro, dispondré de mayores recursos para resolver situaciones peligrosas; todo lo anterior obra a favor de una tranquilidad y equilibrio emocional, pues uno está preparado para transitar por un terreno que posee demasiadas variables.
No obstante, se cometen errores u ocurren cosas que se escapan de nuestras manos. A veces está relativamente claro cuando se trata de un error humano, otras no. La mala suerte también existe, pese a haber hecho las cosas bien o a haber jugado en los límites con el debido margen.
En la práctica del montañismo se deben tomar decisiones permanentemente. Los accidentes, por lo general, son la consecuencia de la sumatoria de una serie de malas decisiones que conducen hacia lo inevitable. Hay momentos en que, pese a haber tomado algunas decisiones erróneas, se puede todavía revertir y evitar desenlaces no deseados, otras veces no, lo inevitable está a un paso y ya no se puede cambiar nada.
Uno puede imaginar y preguntarse ¿qué paso con el grupo liderado por Campanini?, ¿cuáles fueron las malas decisiones tomadas que condujeron al desastre?, ¿no vieron que la tormenta se avecinaba?, ¿por qué no usaron GPS?, ¿por qué no regresaron antes de hacer cumbre si ya era tarde?, y un sin fin de cuestionamientos que surgen ahora, aquí, lejos y mucho más abajo del lugar de los hechos. Pero eso es competencia del guía y su grupo, tomar decisiones y hacerse cargo de las mismas. Quizás las decisiones tomadas fueron correctas o estuvieron dentro de los márgenes manejables por ellos y la suerte les jugó en contra.
De aquí sacamos que:
- Si partimos de la premisa que el montañismo es un deporte de riesgo, donde una de las consecuencias puede ser la muerte, sabemos que debemos prepararnos correctamente para poder disfrutar de la actividad durante mucho tiempo.
- La práctica del montañismo implica tomar decisiones permanentemente, debemos ser concientes que, la sumatoria de malas decisiones nos conducen hacia lo inevitable.
Cerrando la columna
Por último, cabe decir que, el grupo de rescate que arriesgó su integridad física y en algunos momentos la vida, tienen el mérito de haber dado todo para salvar a las personas implicadas en el suceso, una gran voluntad y convicción de lo que hicieron, sin embargo, la buena voluntad tiene fecha de vencimiento. Ante una situación así, en la montaña, uno reacciona espontáneamente y presta colaboración, pero eso no basta. Recordemos que muchos de los llamados “rescatistas” son personas comunes que dejaron de lado sus objetivos deportivos o actividades laborales en la montaña y pusieron su mejor voluntad para ayudar, no se trata de un cuerpo de elite o comando especializado que se descolgaron de poderosos helicópteros, como tal vez el común de la gente se esté imaginando. En Argentina estamos lejos de tener organizado y articulado un cuerpo nacional profesional de rescate, con recursos, equipos, entrenamiento y capacitación. Aconcagua es la excepción por ser la montaña más visitada, ascendida y controlada en nuestro país, pero ¿qué ocurre con el resto de la cordillera?, ¿estamos preparados para afrontar rescates simultáneos en dos o tres lugares distintos de nuestro territorio andino, que es una situación que se puede dar en cualquier momento?. Otro punto, después de lo ocurrido a los rescatistas, quienes fueron sentados en el banquillo de los acusados y socialmente defenestrados, ¿les quedarán ganas de entregarse por completo para salvar vidas? … Yo estoy convencido que si, porque la montaña genera códigos que en la ciudad son impracticables, lo único, que es obligación de todos, hacer lo posible para que el montañismo goce de mayor difusión y la sociedad lo empiece a incorporar tal y como es, fuera de las ficciones y fuera de las noticias trágicas.
Mis condolencias a los padres, familiares y allegados de Federico Campanini, quienes tuvieron que observar la agonía y pérdida del ser querido.
Mi respeto a los rescatistas que hicieron todo lo humanamente posible.
Christian Vitry
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