Socompa y Salin. Volcanes de la Puna en el límite con Chile.

Los primeros días del mes de noviembre del 2007 realizamos una expedición deportiva y científica a los volcanes Salín (6.046 m) y Socompa (6.060 m) ubicados en el límite internacional con Chile. En ambos se produjeron hallazgos arqueológicos que dan cuenta del culto prehispánico a estas montañas. Asimismo, en el volcán Salín encontramos los testimonios de la primera ascensión deportiva ocurrida hace casi medio siglo. Como en otras oportunidades, Makalu Indumentarias puso a disposición su equipo de avanzada para ponerlo a prueba en uno de los parajes más inhóspitos de la cordillera del norte argentino.

Como surgió la expedición.

Hace un par de años compartíamos un café con Darío Bracali en el bar del Museo de Arqueología de Alta Montaña en Salta. Entre tantos temas, surgió la pregunta de Darío respecto a qué montaña me quedaba por hacer o tenía ganas de concretar en la provincia. Le comenté en esa oportunidad que el volcán Salín era el último “seismil” que me faltaba hacer de los 13 existentes en Salta. Nos entusiasmamos y desde entonces, quedó pendiente el compromiso de ir juntos a aquella montaña, alejada de la ruta convencional y emplazada en la desértica e inhóspita cordillera volcánica de la Puna.

 

En los primeros días del mes de octubre, me llamó por teléfono Darío comentando que tenía que pasar por Salta y que andaba en un vehículo Cómo surgió la expedición doble tracción, buena oportunidad para hacer algo. Me propuso subir el Socompa y Salín, sin mayores trámites, arreglé mis tiempos y acomodé una visita de investigación que tenía pendiente en la zona… situación ideal, dos pájaros de un solo tiro.

El 30 de octubre partimos a las 21 hs desde Salta con destino a San Antonio de los Cobres. El objetivo era empezar el proceso de aclimatación, y, dormir a casi 4.000 metros. Era un buen comienzo. Al día siguiente, salimos de este pueblo puneño a media mañana y tras ocho horas de un viaje relajado, llegamos a la Estación ferroviaria de Socompa, ubicada en el límite internacional con Chile, donde sólo habitan cuatro gendarmes. Un panorama bastante desolador y triste para quienes conocimos este lugar cuando todavía funcionaba el tren y dotaba de efervescente vitalidad y bullicio a un páramo aislado del mundo. Hoy, es casi un pueblo fantasma, con el natural deterioro de las cosas que no se usan y un silencio aterrador, que no hace mella en la desidia de los políticos de turno que están dejando morir un importante ramal ferroviario que nos vinculó históricamente con el norte de Chile.

Cumbre Socompa (6.060 m)
Cumbre Salín (6.046 m)

El primer día de noviembre salimos en la camioneta rumbo al portezuelo de Salín, ubicado sobre las laderas norte del volcán Socompa y sur del Salín, uno de los antiguos pasos de arrieros que llevaban ganado a Chile hasta las primeras décadas del siglo pasado. El día fue aprovechado para realizar mi trabajo vinculado a la localización de sitios arqueológicos e históricos, muchos de los cuales ya los había ubicado a través de imágenes satelitales de la zona. Luego de registrar numerosos sitios en la región, nos dirigimos por una huella minera rumbo al Salín, logrando alcanzar una altura de 4.360 m. donde montamos nuestro campamento y salimos a recorrer la zona hasta el anochecer. La noche fue muy ventosa, un temporal se había desatado en la región, pero no lo sentimos tanto pues nos refugiamos en la camioneta hasta tarde y zafamos de las peores embestidas del viento.

El siguiente día cargamos las mochilas y salimos a la mañana para instalar el campamento de altura. Nuestra caminata se desarrolló en un extenso campo de ceniza volcánica, donde no observamos ningún vegetal ni animal durante kilómetros. Finalmente, llegamos a la base del Salín a las 15,30 horas, donde montamos el campamento a 4.800 metros, buena altura para seguir aclimatando y salir hacia la cumbre al día siguiente. Darío fue a buscar nieve para derretir mientras yo calentaba el agua que nos quedaba para hidratarnos con una rica sopa.

A las 7.30 hs del 3 de noviembre, dejamos la carpa e iniciamos el ascenso por la vertiente sur del Salín, el cielo estaba despejado y corría muy poco viento. Algunos alargados neveros sirvieron para evitar el terreno blando y ganar altura rápidamente. Tras cinco horas de subida, llegamos a la cumbre del Salín donde se localiza un mojón formado con las rocas del lugar.

Historia de las ascensiones

La primera ascensión a esta montaña la realizaron Sergio Bossini y Carlos Más del Club Andino Tucumán el miércoles 5 de octubre de 1960. En el informe de estos montañistas, se lee: “La conquista de la cumbre se hizo a las 3 de la tarde. Allí encontramos una apacheta de forma de paralelepípedo de 0,60 de lado, por 0,70 de altura, pero no encontramos testimonios de ascensiones anteriores. Este detalle es muy sugestivo, pues se suponía que dicho cerro se conservaba virgen todavía. Se depositaron banderines del CAT y una libreta de cumbres y luego de las panorámicas de rigor, emprendimos un rápido descenso…”. Los expedicionarios partieron desde la estación Vega de Arizaro el 30 de setiembre y estuvieron en la base el 3 de octubre. Esta es una vía larga, pero es el lugar que más se acerca a la montaña el ferrocarril.

La segunda ascensión al Salín la concretaron los salteños Alejandro Jiménez Gambetta y Alberto Pastrana del Club de Montaña Janajman el 25 de marzo de 1992. No encontraron los testimonios de la primera ascensión. En esa oportunidad, Alejandro me facilitó una fotografía de la cumbre donde se aprecia el mojón o plataforma de la cima, que coincidía con la descripción de Bossini y Más.

La estructura de la cima es arqueológica, comprobación que se puede hacer por la técnica constructiva y debido a la presencia de una “Huanca” o piedra alargada, la cual debió haber estado parada verticalmente en el centro de la plataforma y con el paso del tiempo se debió caer. Se trata de una construcción bastante común en los adoratorios incas de nuestros Andes. Observando en detalle este rasgo arquitectónico, localizamos una lata oxidada en un costado de la plataforma de roca, la misma tenía varias horadaciones causadas por las descargas eléctricas.

Lo primero que pensé es que se trataba de los testimonios de la primera ascensión, pocas dudas quedaban al respecto. Los rayos habían soldado la tapa y era imposible abrirla en el lugar, donde además hacían unos 10 grados bajo cero. Dejamos nuestros testimonios y decidimos descender por el Oeste para pasar por la cumbre inferior ubicada unos 200 metros por debajo de la principal, donde desde la distancia se observaba un mojón.

El viento y la nieve nos castigaron duramente en el último tramo, pero valió la pena el esfuerzo. Efectivamente, había un mojón en esa cima, pero era moderno y asociado a un maletín del Banco de Chile con un libro de cumbre en su interior. Nos refugiamos del viento y lo abrimos; el libro estaba en blanco. Comprendimos que había sido un intento frustrado de montañistas chilenos por llegar al Salín; 200 metros de desnivel y 750 de distancia es mucho cuando las condiciones del tiempo no son favorables. Aprovechamos para dejar un mensaje en el libro, sugiriendo que quien subiera por esa vertiente y lo encontrara, hiciera el favor de llevarlo hasta la cima principal, que es donde debiera estar. Dejamos el maletín y descendimos rápidamente huyendo de la tempestad.

Llegamos a nuestro campamento, comimos, nos hidratamos y fuimos en busca del vehículo y el anhelo de comer y dormir bien en la Estación Socompa junto a nuestros circunstanciales anfitriones los gendarmes. Llegamos a Socompa al atardecer y nuestro sueño se hizo realidad. Luego de una noche de buen dormir, el día 4 de noviembre partimos en el vehículo rumbo a la base del Socompa. La idea era buscar alguna ruta más directa por el Este, pero finalmente, optamos por una variante más directa de la ruta normal. Dejamos la camioneta a los 4140 metros y ascendimos hasta los 5000 metros de altura, lugar donde instalamos el campamento. En esta cota, encontramos una estructura de forma casi rectangular, con el piso nivelado y los muros de unos 0,50 m de altura, cerca del mismo, unos lineamientos de piedra que hacen suponer la existencia de un camino antiguo.

El lunes 5 de noviembre nos levantamos temprano, desayunamos y salimos en busca de la cumbre del Socompa. Ascendimos por la cara sur que es más parada pero más directa a la cima. Llegamos a la parte alta de un filo ubicado a los 5.600 metros, seguimos este filo de basalto que se desplaza en sentido Este-Oeste hasta su unión con la cara sur del Socompa.

La primera ascensión al volcán Socompa fue realizada por Federico Reichert el 6 de mayo de 1905. En esa oportunidad, encontró una gran pila de madera dura “semejante a la especie del algarrobo o del roble”, a una altura de 5.300 metros. Es el primer antecedente de importancia arqueológica en esta montaña y quizás, uno de los primeros para la arqueología de alta montaña.

Otros antecedentes arqueológicos lo produjeron Mathias Rebitsch y Rolf Dangl, en la ladera Noreste en el año 1950. Allí encontraron una pirca circular y un montón de leña. En el año 1963, el guía Celestino Alegre Rojas, en una expedición de Gendarmería Nacional, halló a 5.700 metros, unos recintos pircados con los techos hundidos y maderas esparcidas sobre el suelo.

Finalmente, en 1973, Antonio Beorchia Nigris y Sergio Gino Job del CIADAM, acompañados por el gendarme Carlos Vaquer, descubrieron a 5.000 m. una pirca con leña y algunos tramos de camino de 1 metro de ancho, con sus muros de contención. En el interior del cráter, a 5.700 metros, hallaron un grupo de construcciones semi-derrumbadas con muros de 0,60 m de ancho y hasta 1,20 m de altura. Sobre el suelo, vieron tirantes de madera esparcidos de 2,50 m de largo y travesaños de madera de cardón. Excavando, hallaron restos de fogones. Finalmente, a 5.400 m., ubicaron un montón de leña dura de 1 metro de largo.

Nuestros hallazgos

Nuestra expedición suma a estos datos, la estructura rectangular y el estudio del camino arqueológico, al cual pudimos recorrer durante varios centenares de metros, donde también vimos restos de leña y mojones de piedras que marcan el camino arqueológico. Al mediodía, llegamos a la cumbre tras cuatro horas de subida sostenida. En la cima, observamos el ya típico maletín de aluminio del banco de Chile con el libro de cumbre en su interior. Firmamos el libro de cumbre y decidimos dejar todos los testimonios anteriores. Entre las cosas dejadas, nos llamó la atención un tubo metálico con tapas plásticas en sus extremos, el mismo estaba asociado a una fotografía con tres montañistas. El interior del tubo contenía cenizas, quizás la de alguno de los tres de la foto. El tiempo era espléndido, un sol radiante y sólo una leve y agradable brisa.

Hicimos el descenso por la ruta normal y fue bastante rápido. Llegamos al lugar donde estaba la carpa, la comida y bebida de rigor, desmontamos todo y partimos. En sólo cuarenta minutos estuvimos en la camioneta. A las 6 de la tarde, estábamos en Socompa saludando a los gendarmes Rubén López, Ramón Alcoba, Néstor Paliza y Carlos González, que nos atendieron amablemente en ese confín olvidado de nuestro país. Tres horas más tarde, estábamos en el pueblo de Tolar Grande, donde nos pudimos dar un baño y cenar copiosamente, poniendo fin a nuestra aventura que cabalgó entre el deporte y la ciencia; una combinación que me resulta muy placentera y sumamente enriquecedora. Tranquilos y satisfechos por los objetivos logrados, nos dimos a la tarea de ver los testimonios recogidos en el Salín. Efectivamente, se trataban de los dejados por la primera ascensión hacía cuarenta y siete años atrás; un documento de museo, conformado por una Banderín del CAT, una pequeña bandera de Italia, un lápiz y un cuadernillo con los datos de Bossini y Más, testimonios que aguardaron pacientemente para volver a ver la luz casi medio siglo después.

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