Sobrepeso en la montaña

Hablaremos en esta oportunidad acerca del sobrepeso en la montaña, pero, nada que ver con la obesidad o los kilitos que llevamos incorporados, sino con el peso de más que solemos cargar en la mochila, los cuales suelen ser absolutamente  innecesarios.

Aunque se trate de una temática aparentemente obvia, me tocó en numerosas oportunidades salir a la montaña con amigos de vasta experiencia y que, contrariamente a lo que uno se imaginaría, llevaban en sus mochilas una sustanciosa cantidad de cosas innecesarias, a las que sacaron a pasear porque nunca utilizaron. Ante la consulta a este tipo de situación la respuesta suele ser “por las dudas” en unos casos y  “por costumbre” en otros.

Al momento de ir armando la mochila lo primero que uno debe pensar es, que todo eso que estoy cargando lo deberé transportar en la espalda. Eso, aparentemente, debería ser suficiente motivo para ir disminuyendo el peso, sin embargo, la tentación de la comodidad o el miedo a que me falte algo cuando esté en un lugar inhóspito pueden más.

Los que practicamos montañismo sabemos que se trata de un deporte con una cuota de sacrificio muy grande, pero también, que la satisfacción de haber estado en esos lugares con los que soñamos alguna vez y el balance de la experiencia vivida justifican todo el esfuerzo realizado. Pero el sacrificio no es –o no debería ser- solo físico. Ir a la montaña significa el renunciamiento a muchas comodidades que tenemos en la ciudad, debemos aprender a cargar la mochila solamente con lo justo y necesario, también mentalizarnos que iremos a un lugar donde no hay nada y que tampoco necesitaremos nada, porque forma parte de las reglas del juego.

Veamos algunos ejemplos.
La comida: muchas veces pensamos con el estómago y las papilas gustativas y no tenemos en cuenta el peso ni el bulto de lo que llevamos. Cargamos cosas que no nos sirven para nada y que, en definitiva, debemos transportar de regreso, ya sea como residuo o por no haberlas utilizado. Tal es el caso de las cajas de cartón. Estamos hablando de sopas, puré, flan, gelatina, cereales y un largo listado de elementos que suelen venir en cajas y que, sin el menor análisis, lo incorporamos en nuestras mochilas. Algunos se llevan una caja con 25 o 50 saquitos de té, cuando en realidad usarán solo tres o cuatro sobrecitos ¿y el resto?, a pasear. Otra cosa a considerar es el criterio a emplear con la elección de los alimentos. Siempre teniendo en cuenta la relación peso-sacrificio, podemos alivianar sustancialmente nuestra carga. Por ejemplo un kilo de azúcar  puede ser reemplazado por unos pocos gramos de edulcorante en polvo; los jugos que contienen azúcar pesan tres o cuatro veces más. Si yo veo que me quito de las espaldas 900 gramos me mentalizo para esos días de montaña que el edulcorante es lo más sabroso del mundo, la espalda agradecida.

La ropa: un gran tema… Solemos descargar nuestro ropero en las mochilas como si nos fuésemos por un mes cuando se trata de solo unos pocos días. Nuevamente es una cuestión de actitud, criterio y sacrificio. Una vez observé que un amigo llevaba su par de botas dobles, las botas de trekking y además zapatillas y unas sandalias para andar en el campamento. Cuatro calzados para unos pocos días, a mi criterio totalmente innecesario. Cuando estamos en la montaña nos ensuciamos y traspiramos, pero todos estamos en esa situación y nadie echará de la carpa a un compañero por sucio, sin embargo algunos llevan varias mudas de ropa, toallones enormes, colecciones de calzoncillos, remeras, varios pares de medias y, en casos más extremos hasta sabanas y almohadas…

Aparte de lo mencionado anteriormente debemos sumar el peso del botiquín al que algunos lo arman como farmacias portátiles, llegando en muchos casos a tener más de un kilo de peso. Ni hablar de los elementos de cocina, la mayoría lleva los prácticos cortaplumas, que dependiendo del modelo, suelen traer cucharas y tenedores incorporados. Sin embargo cargan además cuchillos, cucharas, tenedores, cucharillas. Los tenedores, por lo general son innecesarios, basta con una cuchara plástica y un cuchillo o el cortaplumas para la montaña.

Los repasadores están de más si uno lleva papel de cocina o aumenta la ración de papel higiénico. Jarros, platos, ollas y demás elementos pueden ser considerados con un poco más de atención. Se transportan termos con tapas que pueden servir de vaso o jarro, sin embargo se carga además un vaso. La tapa de la olla es un excelente plato, no es necesario llevar más. Incluso se puede comer directamente de la olla compartiendo el momento con los amigos de la carpa.

Si uno se pone de acuerdo con el compañero se minimiza más el peso, por ejemplo, cada uno lleva un pomo de pasta dental, ese es un elemento que puede ser compartido. Algunos llevan jabones grandes, shapoo, acondicionador, desodorante, crema hidratante y quien sabe que más que en la montaña y por el poco tiempo que se suele estar es en vano.

Detalles como cajas plásticas, bolsas de lona o telas gruesas que podrían reemplazarse. Para expediciones relativamente largas a veces se llevan libros, eso está bien, pero cuando se lleva más de uno porque no se decidió bien que va a leer… más aún, vi llevar libros de tapa dura y ¡500 paginas!. Podríamos seguir abundando en ejemplos, pero basta con lo expresado para darse cuenta que no es necesario llevar a pasear cosas que no usamos, con un mal entendido sentido de la comodidad a costa de nuestras espaldas.

Concluyendo, debemos prestar más atención a las cosas que llevamos a la montaña y, fundamentalmente, mentalizarnos que durante unos días estaremos en una situación diferente a la de la ciudad, renunciando a muchas comodidades y tratando de ser autosuficientes con lo que tenemos. El ser humano posee una capacidad de adaptación increíble, todo depende de nuestra cabeza y voluntad.

 

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