Primera travesía por el cordón Cachi - Palermo. Siete “seismil” en una semana

Por  Christian Vitry

Son escasos los lugares donde se puede realizar alguna actividad por primera vez y que represente un desafío interesante, la travesía del cordón Cachi - Palermo es uno de ellos. Unir por primera vez un poco más de media docena de cumbres superiores a 6000 metros era un viejo anhelo que por fin se hizo realidad, en un recorrido exigente de casi 60 kilómetros por las alturas que requirío experiencia, preparación física y un buen equipo. Makalu Indumentarias apoyó la expedición y puso a disposición y prueba su equipo para esta travesía de alta montaña en el noroeste argentino.

Nace la expedición

Salía del Museo de Arqueología de Alta Montaña (Salta) que es mi lugar de trabajo y mientras me dirigía a casa recibo una llamada telefónica de Darío Bracali, un amigo con el que hacía un tiempo veníamos compartiendo información histórica referida a la montaña y algunas tertulias entretejiendo proyectos para compartir en el terreno lo que en teoría conversábamos.
- Hola Darío, ¿Qué querés hacer qué?, ¿Cuándo?, pero eso es ya!, enviame un email con la idea, deja que vea mis tiempos y te confirmo mañana o pasado.

Creo que antes de llegar a casa ya tenía el correo de Darío con la propuesta, ya que este personaje funciona a mil y pretendía en menos de quince días salir a la montaña. Grande y grata fue mi sorpresa cuando leía la propuesta de hacer la travesía uniendo la cima del Cachi con la del Palermo, que son las más elevadas de la cordillera oriental en el noroeste argentino y que nunca se había intentado tal objetivo. En lo personal ya había ascendido todas las cumbres del cordón Cachi Palermo en diferentes oportunidades, pero la travesía era un desafío mayor que siempre había quedado pendiente.

Inmediatamente le hice la contrapropuesta de entrar por el sur y no por el norte, asimismo de realizar varios picos de ambos cordones que sumarían un total de ocho, cuatro del Nevado de Cachi y otros cuatro del cordón Palermo. El entusiasmo fue enorme, aunque con algunos altibajos, pues no lograba acomodar mis tiempos laborales y familiares, hasta que finalmente todo cerró y allí estábamos reunidos, haciendo compras de último momento, compaginando los itinerarios, reduciendo el peso al mínimo exponente para no llevar ni un gramo de más.

Ambos teníamos equipo Makalu y era una excelente oportunidad para probarlos en las condiciones extremas que ofrece la montaña cuando se debe estar  varios días por la cota de 6.000 metros.


El proyecto que finalmente planificamos con Darío fue tomar las cimas partiendo desde el sur hacia el norte uniendo las cumbres Pellicelli, La Hoyada, Hoygaard y Libertador pertenecientes al Nevado de Cachi; y las cumbres del Palermo, Morro del Quemado, Guanacos y Ciénaga Grande del cordón de Palermo, en un recorrido de 30 kilómetros por los filos cumbreros y casi  60 km. la travesía en su totalidad, lo que nos llevaría una semana con un margen de un par de días más por las dudas.

Los objetivos de la expedición fueron tanto deportivos como científicos, pues nos  propusimos realizar prospecciones arqueológicas en todo el recorrido ante la presencia de sitios arqueológicos y/o históricos que se sumen a los ya conocidos en el área, por otra parte hacer nuevas mediciones con instrumental de precisión (GPS, altímetro, clinómetro) de todas las cumbres y abras o pasos montañosos del cordón.

Un poco de geografía cultural

El Nevado de Cachi es una cadena montañosa ubicada en la cordillera oriental al borde de la Puna provincia de Salta. Está compuesta por nueve cumbres y su máxima altura es El Libertador de 6.380 m, de las restantes cumbres, cuatro superan los seis mil metros y las otras los cinco mil metros de altura.

El cordón de Palermo se prolonga desde el Nevado de Cachi hacia el Norte hasta llegar a las proximidades del abra del Acay, en las nacientes del Río Calchaquí, el cual luego de trasponer los límites de Salta recibe el nombre de Río Salado, es más largo del país.

Desde el punto de vista deportivo el gran atractivo desde finales de la década de 1940 fue la cumbre principal del Cachi, las restantes cimas y todo el cordón de Palermo recién fueron ascendidos entre las décadas de los ’70 y los ’80.

El Nevado de Cachi fue un adoratorio de altura de los Incas, existiendo en dos cimas (La Hoyada y San Miguel de Palermo) construcciones relacionadas con el culto ancestral.

La etimología indica que el topónimo “cachi” proviene de la lengua utilizada por los antiguos diaguitas de estos fértiles valles, esto es, el cacán.  KAK significa peñón, piedra, roca, y  CHI o CHIN: silencio, soledad, de tal manera que las variadas traducciones se refieren al nevado como "blanco peñón de la soledad",  "peñón frío" o "peñón solitario". Proveniente de una lengua emparentada con el cacán (el kunza o diaguita atacameño),  observamos que la palabra ckacktchi significa "bueno", "agradable", "placentero"; haciendo esto alusión -quizás- al lugar donde se emplaza el pueblo de Cachi, ya que la montaña adquiere el nombre del lugar desde donde se la observa con soberbia imponencia. La misma lengua kunza nos aporta otra posible etimología, ya que la palabra CKATCHIR quiere decir "chicha de maíz". Cabe recordar, que las condiciones para el cultivo de ese vegetal son óptimas en la comarca.


Otra etimología deviene del Quechua, cuyo significado  es el de SAL. A modo de interpretación se puede decir que, desde las serranías altas del nevado se observa hacia el Oeste el salar de Pastos Grandes y otros más pequeños. Es posible que algunas abras (pasos de altura) hayan sido utilizadas para el "comercio" o transporte de la sal en tiempos pasados; de hecho,  las mismas abras fueron usadas como paso del ganado a Chile en el siglo XIX.  

Una tercera versión es la que Cachi haría referencia a uno de los principales mitos sobre el origen de los incas, esto es, el de los hermanos AYAR. Recordemos que uno de los cuatro hermanos varones salidos de una de las tres ventanas (Sutic) del cerro Tambotoco, se llamaba AYAR CACHI.  Cuenta la historia que sus hermanos se deshicieron  de Ayar Cachi por temor a ser dominados por él debido a su fortaleza y poderes mágicos.

Existen en toda la comarca gran cantidad de topónimos y restos arqueológicos relacionados con el período incaico, razón por la cual, deberían cobrar cierta importancia las etimologías quichuas (especialmente la última), no obstante, tiene mucho sentido la relación con el cacán y más tratándose de la región diaguita por excelencia.  Tal vez se trate de una feliz coincidencia, y lo que para unos (diaguitas) significaba "bueno",  "agradable", "peñón solitario o frío", "chicha de maíz";  para otros (incas) tendría un sentido mitológico, fundacional; lo cierto es que aún faltan muchos elementos y estudios lingüísticos y arqueológicos para poder aproximarse a la etimología correcta del topónimo, y lo antedicho son solo supuestos. Lo cierto, y a juzgar  por los restos arqueológicos de gran importancia existentes en el nevado, es que esta montaña sagrada fue de gran importancia para las comunidades pedemontanas, quienes dependieron (como las actuales) del agua permanente que brota de sus entrañas y por ello le rindieron tributos.

La travesía


Salimos con Darío desde Salta después del mediodía llegando al pueblo de  Cachi al atardecer, inmediatamente nos transportamos hasta donde llega el camino al pie del nevado, en un lugar llamado Las Pailas (2.900 m). Cargamos las mochilas y esa misma noche caminamos un par de horas como para ir ganando altura.

Empleamos tres días para aclimatarnos entre los 4000 y 5000 metros incluyendo el ascenso a la cumbre Pellicelli (6.000 m). El cuarto día fue uno de los más duros ya que partimos temprano desde los 5.050 m y ascendimos las cumbres La Hoyada (6.150 m), Hoygaard (6.100 m) y Libertador (6.380 m), para acampar a 5.835 m a media noche.

El quinto día lo empleamos para atravesar el largo filo que vincula el cordón de Cachi con Palermo y montar un campamento a los 5.840 m.  El sexto día ascendimos a la cumbre del Palermo (6.200 m) y acampamos a los 5.960 m. Esta última noche en altura no fue muy buena, especialmente para Darío que se había pescado uno de esos estados gripales madre, lo cual motivó a que la última jornada la realizara solo mientras mi compañero permaneció en el campamento intentando reponerse. Durante toda la travesía el viento nos castigó sin tregua, en momentos trataba de recordar lo que era la vida sin ventarrones que nos hacían trastabillar permanentemente, como también colapsar la carpa, que debíamos apuntarla desde adentro con los bastones. A la mañana temprano partí por el filo cumbrero y concreté la travesía uniendo las cimas del Morro del Quemado (6.100 m), Guanacos (6.100 m) y Ciénaga Grande (6.100 m), al atardecer regresé al campamento y decidimos bajar, pues otra noche a casi 6000 metros no era lo mejor que nos podía ocurrir. En medio de la cerrada noche y con la luz de las frontales bajamos casi dos mil metros hacia el Este hasta ubicarnos en una quebrada con agua pasada la media noche.
Finalmente y luego de dormir como hacía tiempo no lo hacíamos empezamos a descender por la quebrada del Río Salado, formada por unos cañadones profundos de gran belleza, hasta salir a la Ruta Nacional 40 en el valle Calchaquí.

La travesía había llegado a su fin y los resultados fueron excelentes en cuanto a los objetivos que nos propusimos. Por un lado las mediciones con GPS y altímetro dieron nuevas y más precisas altitudes de las cumbres tal como se puede apreciar en el cuadro comparativo.

Cumbre

Altura conocida

Altura registrada por nosotros

Pellicelli

6.000 m

5.840 m

La Hoyada

6.150 m

6.020 m

Hoygaard

6.100 m

6.185 m

Libertador

6.380 m

6.352 m

Palermo

6.200 m

6.146 m

Morro del Quemado

6.100 m

6.014 m

Guanacos

6.100 m

6.028 m

Ciénaga Grande

6.100 m

6.074 m

Por otra parte localizamos nuevos sitios arqueológicos e históricos que no se conocían y realizamos el relevamiento de un camino inca que va desde la base hasta la cumbre La Hoyada.

La travesía Cachi-Palermo sin duda se trata de un gran desafío desde el punto de vista deportivo y al decir de Darío “una las últimas cosas interesantes que quedaban por hacer en Salta”.

 

 

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