Christian Vitry
Un destino poco común por los andinistas argentinos son los Andes ecuatorianos.
En el mes de febrero viajamos a Ecuador, donde ascendimos a los volcanes Rucu Pichincha, Cotopaxi, Cayambe y Chimborazo, este último el más alto del país. El objetivo personal consistió en realizar un entrenamiento físico y técnico a través de glaciares agrietados, y también, poner a prueba los nuevos equipos y diseños de Makalu Indumentarias, a un mes de viajar al Himalaya.

Como tantas otras, esta expedición, nació en el contexto de una larga tertulia, compartiendo un asado con amigos. Hacía tiempo que veníamos planificando un viaje a las montañas del continente negro, pero nuestros sueños africanos se desvanecieron paulatinamente, a medida que las cifras se llenaban de ceros. Ante esta situación, no tardó mucho tiempo en surgir un plan B como contrapropuesta, ¿y por qué no Ecuador? Cinco años atrás yo había estado allí, en el volcán Cotopaxi, desde entonces, quedé maravillado con ese país y sus volcanes nevados.
 |
Mapa que indica los principales volcanes localizados en las cordilleras Oriental y Occidental, que conforman la Avenida de los Volcanes. Click para ampliar. |
El sí fácil de mis amigos cordobeses del Club de Montaña Champaquí selló el compromiso montañero, y, pocos meses después, nos encontrábamos en el aeropuerto de Córdoba embarcando con destino a Quito. El grupo estaba integrado por Sergio “Gringo” Cerutti, Mario Cabrera, Gerardo Casaldi y quien escribe. Otros amigos, no pudieron acompañarnos, debido al binomio “trabajo-familia”, que siempre resulta tan difícil de compatibilizar.
Ecuador, es un pequeño país de hermosos y contrastantes paisajes, donde naturaleza y cultura, se combinan y mutan a pocos kilómetros de distancia. También, es un paraíso para los montañistas, pudiendo disfrutar de una gran variedad de volcanes, con imponentes glaciares e infinidad de rutas para todos los gustos.
La capital ecuatoriana, ubicada a 2.600 metros de altura, es una moderna ciudad que tapiza un irregular terreno montañoso, donde viven poco más de dos millones de habitantes. Plazas vistosas, modernos y coloridos edificios, se combinan con la antigua ciudad de Quito, caracterizada por su estilo arquitectónico de líneas simples típico de la época colonial, con techos de teja, y una surtida cantidad de iglesias, templos y plazoletas. Este centro histórico, fue declarado por la UNESCO, en 1978, Patrimonio Cultural de la Humanidad.
Las montañas ecuatorianas se encuentran ubicadas a lo largo de lo que se conoce como “Avenida de los Volcanes”. Se trata de un alargado y fértil valle central bordeado por las cordilleras Oriental y Occidental. Esta disposición geográfica hace que la logística de acercamiento a las montañas sea sumamente fácil, de hecho, a pocas horas de Quito uno se encuentra en algún refugio a más de 4000 metros dispuesto a salir durante la madrugada a la cima de alguna montaña. Esta facilidad en el acercamiento, permite realizar, en poco tiempo, varias montañas. Sin embargo, se debe tener en cuenta que, para ascender en altura, se debe aclimatar. En tal sentido, Ecuador, ofrece muchas alternativas de montañas cercanas, cuyas alturas oscilan entre los cuatro y cinco mil metros, y que se ascienden durante el día.
 |
Rucu Pichincha (4.737 m), ubicado al oeste de la ciudad de Quito |
 |
| Teleférico desde Quito hasta un contrafuerte del Rucu Pichincha |
 |
Ascendiendo al Rucu Pichincha. |
Aclimatación en el Rucu Pichincha
Permanecimos en Quito un par de días, aclimatando, paseando y realizando las compras y averiguaciones para ir a la montaña. Una alternativa muy cómoda y turística resultó ser el volcán Rucu Pichincha, de 4.737 metros, ubicado frente a la ciudad. A través de un teleférico se sube hasta cerca de los 4.000 metros, pudiendo apreciar la magnitud y belleza de la ciudad desde unas terrazas especialmente preparadas para tal fin.
Los 700 metros de desnivel se realizan a través de una senda bien marcada. La primera parte se transita a través de un alargado filo que conduce hasta la base del pico cumbrero. Desde allí, salen dos rutas, una con cierta dificultad técnica llamada “ruta de la muerte”, para la cual es conveniente llevar casco y algún elemento de seguridad; la otra, es conocida como “el arenal”, esta ruta demanda sólo esfuerzo físico, pues, se sube por un empinado arenal que, como entrenamiento, resulta espectacular.
La cumbre es pequeña y la visual desde ella es espléndida, aunque no tuvimos tal suerte, ya que el ascenso lo hicimos en medio de una densa neblina que no nos permitía divisar nada.
 |
| Mario Cabrera, Sergio Cerutti, Gerardo Casaldi y Christian Vitry en la cumbre del volcán Rucu Pichincha. |
En Ecuador, las condiciones ambientales son muy cambiantes, por ello no se debe salir desprevenido a las caminatas, ya que, una lluvia, neblina o cambio brusco en la temperatura, son muy frecuentes.
Ascenso y tempestad en el Cotopaxi
A medio día del día 11 de febrero, partimos desde Quito con destino al Parque Nacional Cotopaxi, donde se emplaza el volcán de 5.897 metros de altura; el ingreso al parque cuesta 10 dólares por persona. Se trata de una de las montañas más populares y ascendidas en Sudamérica. La cumbre es conocida por su perfecta forma cónica y su contrastante cráter de 800 metros de diámetro y 300 metros de profundidad, desde donde salen vapores, que dan cuenta de la actividad del volcán.
 |
Volcán Cotopaxi (5.897 m) |
Se llega en vehículo hasta los 4.500 metros, y de allí, se sube hasta los 4800 m, donde se emplaza el Refugio “José Ribas”, punto de partida hacia la cima. Debido a la incidencia casi vertical de los rayos solares durante el día, hace que el glaciar se torne peligroso por la gran cantidad de grietas que posee, por tal motivo, el ascenso se realiza siempre durante la noche, para estar de regreso antes del medio día. El ascenso no es difícil, pero requiere de experiencia técnica, pues, se deben cruzar algunas grietas y ascender por una pendiente de unos 45º de inclinación, la cual, es casi constante en los 1.000 metros de desnivel que se salvan desde el refugio hasta la cima.

Luego de un par de horas desde Quito, ingresamos al Parque Nacional Cotopaxi, donde una llovizna constante nos obligó a repensar el itinerario. Llegar hasta el estacionamiento desde donde se va al refugio hubiera significado mojarnos y poner en riesgo el ascenso. Por tal motivo decidimos quedarnos en un lugar que se denomina “Tambopaxi”, ubicado a 3.900 metros de altura. Allí descansamos e intentamos dormir algo desde las 18 hasta las 23 hs, momento en que partimos hacia la montaña. El aguacero se había convertido en una persistente nevada acompañada con viento. Dejamos el vehículo y, guiados por el experimentado andinista ecuatoriano y amigo Hernán Bonilla, iniciamos el ascenso hasta el refugio Ribas (4.800 m).

Cuarenta minutos tardamos en llegar al refugio y el tiempo se ponía cada vez peor. Evaluamos la situación mientras tomábamos algo caliente, finalmente decidimos continuar con el ascenso. El Gringo Cerutti decidió quedarse, pues no se sentía en plenas condiciones como para afrontar el último tramo de la montaña. Otros grupos decidieron no salir y otros regresaron en seguida, tras andar poco tiempo. Hacía mucho frío y el viento levantaba nieve que se nos pegaba en la cara. Con la luz de las linternas frontales fuimos siguiendo una senda durante media hora hasta llegar al borde del glaciar, allí nos encordamos, Hernán con Gerardo y Mario conmigo. Empezamos a ascender y el hielo era franco, muy bueno para gramponear, el viento arremolinaba la nieve generando un extraño paisaje que sólo podíamos divisar con nuestras linternas.

El ascenso duró seis horas y as condiciones atmosféricas nunca mejoraron, debiendo soportar una temperatura que oscilaba entre los -5º C y los -15º C. La parte final de la ruta debimos atravesar algunas grietas y una rimaya en un terreno con una inclinación de 50º y un poco más en algunos sectores. Si bien no representa mayor dificultad técnica, la poca visibilidad y el viento hizo que nos moviéramos con la mayor precaución.
Finalmente llegamos a la cumbre y lamentablemente, debido a la espesa niebla, no pudimos observar el fabuloso cráter humeante ni el paisaje. Estuvimos sólo unos minutos porque hacía mucho frío, el abrazo cumbrero, las fotos de rigor y un cuidadoso descenso. Nuestras ropas estaban tiesas por el hielo adherido.
A las 10 hs llegamos al refugio Ribas, y el gringo Cerutti salió a esperarnos. Emocionados todos nos abrazamos fuerte y, con una profundo silencio festejamos la cumbre que tanto nos había costado, fue una batalla muy buena, de la cual aprendimos mucho.
En el refugio tomamos un te bien caliente y emprendimos el descenso hasta la camioneta y luego a Tambopaxi, donde nos dimos una buena ducha antes de partir a Ecuador. El Refugio, también el hospedaje en Tambopaxi, nos costó 18 dólares por persona.
Cayambe (5.789 m)

El día 13 de abril, es decir al día siguiente del Cotopaxi, partimos al medio día hacia el refugio del volcán Cayambe situado a 4.600 metros y ubicado a 65 Km al NE de Quito.
Se dice que el Cayambe es el punto más alto del mundo por donde pasa la línea ecuatorial (exactamente a una altitud de 4530 metros cerca del flanco sur). Es un volcán activo.
A media noche comenzamos el ascenso. Hacía quince días que se había desatado un temporal en la zona y ese día la noche estaba estrellada, aunque el viento levantaba la nieve que se pegaba en el cuerpo. El Cayambe se caracteriza por la gran cantidad de grietas que presenta el glaciar. La primera parte se realiza a través de un roquedal que salva un desnivel de 50 metros aproximadamente, lugar donde nos pusimos los grampones.

Con sumo cuidado y empleando las técnicas propias para la detección de grietas fuimos avanzando por el glaciar. La nevada de la última quincena había borrado toda huella o evidencia de la ruta a seguir, además, todas las grietas estaban sepultadas, hecho que tornó más técnica y riesgosa a la montaña. Afortunadamente, nuestro amigo ecuatoriano Hernán Bonilla es un gran conocedor de las montañas ecuatorianas y nos guió por la ruta adecuada. Antes del amanecer, el cielo se cubrió y se desató un temporal de nieve y viento que no nos permitía divisar con claridad los sectores agrietados del glaciar. Para quienes no lo saben, las grietas tapadas se distinguen por la coloración más oscura de la nieve, además del tanteo con el bastón o piqueta para ver si el piso se hunde.
Este temporal, debido a la escasa luminosidad, impidió que podamos distinguir la coloración de la nieve y, con ello las grietas. Estábamos arriba de los 5.700 metros, a menos de cien de la cumbre, frente a una enorme rimaya y sector de grietas profundas y tapadas que no podíamos distinguir. Era el punto crucial para una decisión. Hacer el último tramo hasta la cima en esas condiciones era muy peligroso, esperar a que aclare implicaba el ablandamiento de la nieve y la posibilidad de provocar una avalancha. Había sido una escalada intensa de tensiones, sorteando buena cantidad de grietas y aprendiendo mucho de nuestro experimentado amigo Hernán. Tomamos la decisión de bajar. En la montaña ocurren estas cosas y uno debe deponer al entusiasmo o el orgullo y saber retirarse a tiempo, anteponiendo la prudencia a favor de la integridad física.
Chimborazo, el techo de Ecuador
Dos días después nos dirigimos al sur de Quito para intentar el máximo desafío, el volcán Chimborazo de 6.300 metros. Chimborazo fue considerado por muchos años la montaña más alta del mundo. Efectivamente medido desde el centro del mundo todavía lo es. Es la cumbre más alta del Ecuador, y una de las más técnicas. Esta montaña posee dos refugios, uno ubicado a 4.800 metros donde llegan los vehículos y el otro (Refugio Wymper) localizado a los 5.000 m.

Nuestra intención era llegar al último refugio, pero una intensa y húmeda nevada hizo que decidiéramos quedarnos a los 4.800 metros. A las 23 hs partimos hacia la cumbre intentando salvar un desnivel de 1.500 metros en el menor tiempo posible. El gringo Cerutti, que ese día festejaba su cumpleaños número 60 nos acompañó hasta las proximidades del refugio Wymper y nos esperaría en los 4.800 m para el festejo correspondiente. A diferencia de las otras montañas, el tiempo en el Chimborazo nos jugó a favor. Si bien no estaba despejado, al menos no nevaba ni corría viento. El Chimborazo posee gran cantidad de grietas, aunque no tan profundas como la de las otras montañas, pero suficiente como para accidentarse y pasar un mal rato. Posee nieve muy dura y en partes hielo, por lo que los grampones afilados es un requisito elemental. La pendiente es constante y posee un par de pasos técnicos, donde durante el ascenso se debe asegurar muy bien y en el descenso rapelar.

Luego de ocho horas exigidas logramos pisar el techo de Ecuador. Lamentamos que esté nublado, pues amén del paisaje, estaba el atractivo de la erupción del volcán Tungurahua, ubicado al frente del Chimborazo.
El descenso fue muy cuidadoso, sorteando las numerosas grietas y los pasos técnicos. Antes del medio día del 14 de llegamos al refugio y el temporal ya estaba nuevamente presente. Bañados en nieve nos abrazamos con el gringo Cerutti que nos aguardaba y empezamos el festejo con una buena taza de te caliente. El refugio cobra 18 dólares y el acceso al Parque Nacional Chimborazo 10 dólares.

De esta manera pusimos fin a una intensa e interesante campaña montañera en el Ecuador, un hermoso país que se debe conocer, y que brinda múltiples posibilidades para la práctica del andinismo, desde lo básico hasta el máximo nivel. |