En primer lugar necesitaría datos acerca de tu experiencia como andinista. Cerros escalados, expediciones de las que formaste parte, etc.
Practico el andinismo desde los 7 años de edad, sin embargo, podría decir que mi iniciación en la actividad montañera se remonta exactamente a 30 años atrás, oportunidad en la cual ascendí el Volcán Tuzgle, de 5.500 metros, ubicado en la puna jujeña, tenía entonces 12 años de edad.
Mi primera montaña superior a seis mil metros fue el Volcán Llullaillaco, de 6.739 metros, que es uno de los más altos de América, tenía 14 años de edad. A los 15 años fui por primera vez al Aconcagua, y, a los 19, regresé e hicimos con mis compañeros un tiempo récord en su momento. Mi actividad afortunadamente nunca cesó, estuve escalando en la patagonia y también en Chile, Bolivia, Perú y Ecuador. En este último país, realizamos una intensa e interesante campaña con los amigos del Club de Montaña Champaquí, noticia que ustedes conocen muy bien.
Además, sería interesante que comentes qué significa esta nueva expedición hacia el Monte Shisha Pangma. Y si puedes dar detalles de la misma, mejor.
El Shisha Pangma (8.035 m.s.n.m.), ubicada en el Tíbet, es un objetivo de gran importancia para el montañismo.
Al contrario de la estrategia utilizada normalmente en el Himalaya, basada en grandes grupos que asedian la montaña durante largo tiempo, utilizando complejas y costosas infraestructuras, en esta expedición un equipo pequeño realizará un ascenso alpino y sin porteadores de aproximación, ni utilización de animales de carga (yaks), ni servicios de campamento base, ni empleo de oxígeno artificial.
Este estilo de total autosuficiencia es de vanguardia a nivel mundial, y ha sido utilizado con éxito anteriormente por los miembros de la expedición. Permite mayor seguridad y eficiencia, aunque resulta más sacrificado que la técnica convencional. También implica tiempos muy inferiores a los habituales, y costos sensiblemente más bajos.
En regiones planas como la nuestra, el montañismo parece una práctica lejana, aun cuando existen grupos que se dedican a las escaladas. ¿Qué requisitos fundamentales debe poseer una persona para dedicarse a este deporte?
El único requisito es tener ganas de ir a la montaña, de conocer ese otro mundo, que por lo general inspira temor y que, cuando uno se compenetra y se apasiona de la actividad, se da cuenta lo saludable que es para el cuerpo y la mente.
No hay que ser superdotados ni tener nada especial, a ser montañista se aprende yendo a la montaña, cualquiera puede hacerlo, sin distinción de sexo, edad o lugar geográfico donde viva. Los límites los pone cada uno a medida que se conoce, adquiere experiencia y aprende a respetar a la montaña, ya que, hay que tener en claro, que a la montaña se va a vivir intensamente y no a morir. La muerte está siempre presente y uno aprende y se prepara todo el tiempo para evitar situaciones de riesgo. En proporción, mueren más personas por estrés que en accidentes de montaña. La práctica del andinismo aporta a una mejor calidad de vida, es un cable a tierra que, a quienes practicamos este deporte, nos permite vivir mejor. Ojala se acercasen muchos jóvenes al montañismo, pues habría menos delincuencia, drogadicción, alcoholismo, tabaquismo y otros males sociales.
¿Qué sensaciones se establecen cuando uno piensa que está a punto de iniciar la escalada de una gigantesca montaña de más de 8 mil metros?
Es una sensación de desbordante alegría, pues se trata del sueño de la mayoría de los montañistas. Existen sólo 14 cerros en el mundo que superan la cota de 8 mil metros y, tener la posibilidad de estar allí, es una gran suerte que agradezco a la vida.
Este 2008 cumplo 30 años de actividad en la alta montaña (cerros superiores a 5.000 metros), tengo experiencia y me siento en óptimas condiciones físicas y mentales para estar a la altura del desafío. Pese a la ansiedad propia del viaje, estoy con calma y quiero estar allí, respirando el aire de los himalayas y empatizando con la montaña y su gente, como siempre lo hice.
¿Cómo ha sido el entrenamiento? ¿Hay métodos especiales?
El entrenamiento es fundamental, es lo que permite que uno disfrute o sufra en la montaña. Se trata de un entrenamiento básico, donde se combina la resistencia y la fuerza, es decir, correr, andar en bicicleta y complementarlo con un gimnasio. Esto permite trabajar algunos músculos en particular, que son, en definitiva, los que uno utilizará en la montaña. Siempre el mejor entrenamiento para la montaña es ir a ella, sin embargo no siempre se tiene esa posibilidad. El hecho de vivir en Salta, rodeado de montañas, me permite salir permanentemente a ella, sin embargo, muchos de los mejores montañistas vienen del llano, como el caso de San Francisco donde hay muy buenos andinistas.
Para el Himalaya, además del entrenamiento recientemente comentado, estuve saliendo a la montaña y, en los últimos cuatro meses ascendí a quince cumbres superiores a 5mil metros y algunas de ellas de más de 6 mil metros. Respecto al gimnasio, mi preparador físico fue mi hermano Adrián, que tiene una gran experiencia en el tema y ha entrenado a campeones mundiales en diferentes actividades físicas.
¿Hay estrategias particulares para ascender en el Himalaya con respecto a otras ascensiones en cadenas como los Andes?
La gran diferencia del Himalaya con el resto de las montañas del mundo es la altura. A partir de los 7.500 metros se encuentra lo que se denomina “zona de la muerte”, donde hay muy baja presión atmosférica el aire se “enrarece”. Tradicionalmente se utiliza a partir de esta altura equipos de oxígeno, sin embargo, desde hace tiempo se demostró que, con un buen entrenamiento y mucha voluntad se puede ascender prescindiendo de estos aparatos que ayudan a respirar mejor. Nuestra expedición no lleva oxígeno.
¿Qué significa el montañismo para vos? ¿Qué se supone que se alcanza con el esfuerzo tremendo que significa llegar a las cumbres?
Para mi el montañismo es todo, fundamentalmente, una escuela de vida. No concibo mi existencia sin la presencia de montañas y nuevos desafíos personales en cualquier geografía, es una necesidad, es lo que me permite vivir día a día, es el punto de unión con mis más importantes amistades, a quienes quiero y respeto como hermanos.
¿Vinculas tu profesión de antropólogo con tu vocación de montañista? ¿Puedes encontrar algunos paralelos?
Empecé a estudiar antropología – arqueología gracias a la montaña. Durante muchos años me preguntaba ¿que hacían ruinas arqueológicas en las cumbres o laderas de los cerros?, en alturas donde no es posible la subsistencia ni la permanencia por tiempo prolongado y muchas inquietudes más acerca de las personas que hicieron eso. Finalmente me decidí a estudiar formalmente para poder comprender tantas cosas. Durante años me dedique al estudio de esos restos arqueológicos y también a la investigación de los caminos incaicos y otras vialidades prehispánicas, eso también se relaciona en forma directa con la actividad deportiva, debido a que para ese estudio debo caminar por la cordillera decenas y cientos de kilómetros. Hoy trabajo en el Museo de Arqueología de Alta Montaña, donde más que un paralelo es una unión indisoluble entre arqueología y montaña. Logré con el tiempo vincular ambas cosas y en la actualidad me pagan un sueldo para dedicarme a ir o pensar en la montaña, esto también le agradezco a la vida, realmente son pocas las personas que tienen la dicha de trabajar con placer.
¿Es competitivo el mundo del montañismo? ¿Hay rivalidades personales o nacionales?
El ser humano es competitivo por naturaleza, eso no escapa al montañismo, quizá de una forma indirecta y velada, pero está presente. Sin embargo se trata de una actividad donde se estimula al compañerismo y la solidaridad. Al ser una actividad con cierto riesgo, la vida de uno o del compañero depende mutuamente. Un error puede costar la vida y no siempre se puede aprender de los errores. Por ello, la mejor forma de asegurarse, es ir con los amigos, a quien uno conoce y comparte valores.
Antes existía mucha rivalidad y nacionalismos, especialmente durante la década de 1930 y 1980, momento en el que se hicieron grandes proezas en los himalayas y otros lugares del mundo. Luego empezó a primar el individualismo y egocentrismo. Hoy el montañismo está siendo objeto del mercantilismo extremo, miles de personas sin experiencia compran paquetes turísticos y se hacen llevar hasta cualquier cumbre, incluido el monte Everest. Esto provocó la muerte de muchas personas, lo cual juega en contra de la actividad deportiva.
¿Vale la pena arriesgar el físico e incluso la vida por ascender a más de 8 mil metros?
Para muchos montañistas ascender un 8 mil es un desafío deportivo de primer nivel. La experiencia es directamente proporcional con la prudencia, esto implica que, cuando uno se enfrenta a este tipo de reto deportivo, sabe de antemano los riesgos a los que se puede llegar a enfrentar, pero también sabe cómo evitarlos y, llegado el caso de alguna eventualidad, sabe también como resolverlos. Estaré en un lugar con potenciales riesgos, pero no me iré a arriesgar.
Amén de la alegría que siento de poder estar en un ocho mil, mi vista no se nubla por el exitismo, voy a una gran montaña con un profundo respeto y humildad, las circunstancias dirán si se puede llegar o no, lo que me importa es hacer la experiencia y regresar a los pagos, para abrazar a mis hijos, esposa y amistades con quienes comparto mi vida, y poder contarles la vivencia, que la disfrutarán tanto como si hubieran ido.
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