Christian Vitry
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| La imagen muestra un chasqui o corredor encargado de llevar información a través del extenso territorio ocupado por los inkas, sin duda transitaron frecuentemente por los caminos descriptos en el presente artículo. Grabado de Felipe Guamán Poma de Ayala (1615), cronista de la época colonial |
Hace un cuarto de siglo, el entonces Director del Museo Arqueológico de Cachi, don Pío Pablo Díaz junto al arqueólogo norteamericano John Hyslop, pionero de las investigaciones relacionadas con el sistema de caminos inkas, dieron a conocer a la ciencia un importante tramo de camino inka que vinculaba el poblado prehispánico de Tastil, ubicado en la cuenca de la Quebrada del Toro, con el sector Norte del Valle Calchaquí, concretamente con la Quebrada del Río Potrero de Payogasta. El camino arqueológico pasa por la Quebrada de Capillas, asciende la serranía de Ingañan y finalmente baja hasta Tastil.
Los datos aportados por los exploradores abrieron un panorama más que interesante, contribuyendo al conocimiento de la región en cuanto a dinámica y ocupación del espacio en tiempos prehispánicos, vinculando dos regiones diferenciadas que a su vez se relacionan con otras áreas más distantes y distintas aún.
Desde aquella expedición transcurrieron 25 años sin que otros estudiosos recorrieran la comarca con objetivos vinculados a la investigación arqueológica. Esta situación no es extraña, ya que acceder por esos lugares implica un esfuerzo físico considerable durante varios días, para recorrer medio centenar de kilómetros por una irregular topografía, pero de una belleza sin par.
A fines de julio de 2005 decidimos realizar la travesía para conocer el tramo de camino inka, documentarlo y registrarlo con las nuevas tecnologías disponibles, asimismo, conocedores tanto de la geografía como de gran parte de la arqueología de la cuenca del Toro y del Calchaquí, de la Puna y los valles bajos, integrar este importante tramo a la red vial inka regional que venimos estudiando desde hace casi una década.
El equipo estuvo integrado por Silvia Soria, Reinaldo Moralejo, Gabriela Pitzzú, Walter Tolaba y quien escribe, conformando un grupo integrado por tres arqueólogos, una geóloga y un arriero, contando además con el apoyo logístico de Antonio Mercado, que es el actual Director del Museo de Cachi.
El grupo partió desde el sitio arqueológico Potrero de Payogasta, declarado monumento Histórico Nacional hace unos años, remontando río arriba por la quebrada de Potrero, los parajes y lugares que se atraviesa son Ojo de Agua, Corral Blanco, Las Mesadas, Capillas, Abra de Ingañan, Corralito y finalmente la quebrada del río Tastil o Las Cuevas.
A diferencia de una caminata con fines turísticos, cuando el objeto de estudio son los propios caminos, el ritmo de marcha es diferente ya que, si bien muchos de los senderos actuales están sobre los arqueológicos, lo que se busca son esos pequeños segmentos que sufrieron poca modificación con el tiempo y que sirven para estudiar la técnica constructiva empleada por los antiguos habitantes. La toponimia es de gran importancia, ya que nos brinda valiosas pistas que ayudan a entender mejor la geografía cultural, por ejemplo, el lugar conocido como Corral Blanco recibe ese nombre por unas estructuras realizadas con rocas de cuarzo blanco, la cual es diferente tanto en forma como en el empleo de material constructivo respecto a las actuales de la región, se trata de una edificación inka asociada al camino y cuya función pudo estar relacionada con el transporte a lomo de llama. Capillas es otro topónimo interesante, recibe ese nombre por la presencia de una Kallanca Inka, estos edificios se caracterizaban por sus techos a dos aguas de pronunciada inclinación, una resolución arquitectónica inexistente en lugares donde las lluvias son escasas, por ello, la gente del lugar asoció este tipo de construcciones con iglesias o capillas cristianas. Ingañan, es el topónimo que se relaciona directamente con la presencia inka en la comarca, Inga = inka y ñan = camino.
Luego de atravesar todos estos parajes y dispuestos a llegar en la última jornada de caminata al poblado prehispánico de Tastil, proseguimos por un camino inka con un excelente estado de conservación y pocas modificaciones. Gracias a la tecnología utilizada, mediante el empleo de Posicionador geográfico satelital, nos dimos cuenta que habíamos perdido el rumbo que nos habíamos fijado, no obstante estábamos sobre el camino arqueológico. Grande fue la alegría y sorpresa de localizar un tramo de camino inka que no estaba registrado aún.
Dicho camino atraviesa por las laderas de la Quebrada de Huayco Hondo y va a salir al paraje de Altarcito, ubicado a 11 Km al Sur de Santa Rosa de Tastil. El camino tiene su continuidad a través de las montañas y lejos de la actual ruta, vinculándose con Punta Ciénaga, Finca El Toro, El Palomar, Nevado de Chañi, e ingresando a la Puna jujeña en la zona de Salinas Grandes. Por otra parte, se relaciona hacia el este con la Quebrada del Toro a la altura de San Bernardo de las Zorras y empalmando con un camino troncal que pasa por Incahuasi y posteriormente baja al Valle de Lerma por Potrero de Linares.
El “descubrimiento” de este tramo de camino inka abre un nuevo panorama al estudio regional de esta red vial que tiene ya una extensión comprobada por los arqueólogos y estudiosos del tema de casi 30.000 kilómetros en los Andes.
Sirva el presente artículo para homenajear a los ya desaparecidos Pío Diaz y John Hyslop en quienes nos inspiramos para realizar este hermoso recorrido que culminó con un hallazgo de gran valor para nuestra historia. |