Caminos del Inca en Salta

Christian Vitry

Quienes tuvieron la oportunidad de transitar por los caminos incaicos, no dudan en confirmar que se trata de una gran obra de ingeniería e ingenio, que denota un profundo conocimiento de la geografía y un gran sentido de la organización y geopolítica. Los Incas entre los siglos XV y XVI, a lo largo de los Andes, construyeron y potenciaron una densa red de senderos y caminos, jalonados por sitios específicos como tampus o tambos, chaquihuasis (casas de los chasquis o mensajeros), puestos de observación, puestos administrativos de control y peaje de los centros de producción minera, agrícola, ganadera entre otros, a lo largo de miles de kilómetros desde el Sur de Colombia, hasta la altura de Mendoza, en nuestro país, y Santiago de Chile, en el vecino.  Todo este sistema estuvo vinculado geopolíticamente con el Cuzco, ciudad sagrada, lugar de residencia del Inca y las deidades, centro neurálgico de todo el sistema.

John Hyslop fue el arqueólogo que más se dedicó al estudio de la vialidad imperial; él estima que los caminos arqueológicos vinculados con el período incaico, tienen una extensión aproximada de 23.000 Km, los que atraviesan gran parte de los países andinos y representan “la mayor evidencia arqueológica de la prehistoria americana”.  El Qhapaq ñan o Inka ñan (camino del Inca), era mucho mas que una vía de comunicación que unía los diferentes pisos ecológicos de la vasta geografía del Tahuantinsuyu, representaba la presencia simbólica del poder y autoridad del Estado Inca. El camino estaba exclusivamente destinado a tareas estatales, y existía un riguroso control mediante puestos de peaje, de observación y de vigilancia distribuidos de manera equidistante y conectados visualmente entre sí.  Los caminos incaicos fueron construidos con una finalidad práctica en función del tráfico pedestre de hombres y llamas que, con su capacidad de transportar hasta 30 y 40 Kg en su lomo, eran muy utilizadas para el traslado de minerales y productos de toda índole entre diferentes regiones del imperio.

A pesar de los miles de kilómetros en que se entretejen estos caminos arqueológicos, existen similitudes constructivas, que los hacen característicos y únicos.  Donde el terreno era aplanado trazaban una línea perfecta, a veces de varios kilómetros como el caso de la recta de Tin Tin, actual ruta vehicular de los Valles Calchaquíes que fuera otrora camino precolombino; otro elemento distintivo, fue el de unir dos puntos o localidades empleando la menor distancia posible, sin por ello olvidar u obviar la disponibilidad de agua y la menor inclinación del terreno.  Las diferentes técnicas aplicadas a la construcción de estos caminos, se adaptaban sobremanera a los viajeros, cuyo objetivo se orientaba a reducir a la mínima expresión el esfuerzo y desgaste  físico.

El alto grado de sofisticación constructiva está representado por los puentes fijos, puentes voladizos de madera o roca, puentes colgantes, puentes flotantes, escalinatas, cables carriles, rampas y enormes taludes o paredes artificiales, construidas sobre precipicios y laderas abruptas, a fin de mantener la línea del camino y el nivel altitudinal.

Los caminos en el N.O.A. estuvieron  asociados a la actividad minera en las zonas altas, y a la agricultura en las bajas, también a fuentes de aguas termales.  De todas estas características, quizá la más significativa sea la asociación de los caminos con la minería debido, principalmente, a la riqueza de la región.

Entre las características constructivas registradas en los caminos incaicos de la provincia tenemos, por ejemplo, caminos empedrados, enlajados, encerrados por muros, con taludes o muros de contención, con canales de desagüe cubiertos bajo el nivel del camino o abiertos sobre el mismo, con escalinatas, entre las más representativas. Existen caminos que ascienden por pendientes que oscilan entre los 40 y 70 grados de inclinación, donde los laboriosos constructores debieron cortar la roca para que pase el camino. Cabe aclarar que estamos hablando de  rutas con un ancho promedio de tres metros y generalmente ubicadas por arriba de los tres mil metros de altura sobre el nivel del mar. Como en el Perú, se encuentran también puentes de madera y roca que salvaban  los vanos de las quebradas y cárcavas profundas. Además, caminos que conducen hasta los elevados santuarios de altura, como el caso del volcán Llullaillaco (6.739 m), el Nevado de Chañi (5.900 m), Nevado de Cachi (6.380 m), Nevado de Acay (5.716 m), entre otros.

Basado en documentos históricos León Strube Erdmann, realizó un minucioso trabajo de investigación sobre la vialidad imperial de los Incas. Con relación a la provincia de Salta, comenta: “Desde el valle de Lerma hay un camino, no muy practicable, por la quebrada del Toro hasta Tunal, donde desemboca el río de Las Capillas para llegar por Papachacra y Putahuasi al Potrero de Payogasta y La Poma o al S. de Payogasta y Cachi; mas la vía única antes de fundada Salta fue y es la quebrada de Escoipe hasta la Cuesta del Obispo (3350 m), donde se trifurca el camino: al N.O. hacia Payogasta y La Poma, al O. hacia Cachi y al S.O. hacia Seclantás y Molinos,...”.  Por otra parte y con relación a los caminos de la Puna dice que: “hay una comunicación desde Pastos Grandes por el abra de Las Pircas a La Poma, pero mucho más al  S.O., mientras por el E. se dilata la hoya del Toro que involucra otra comunicación muy accidentada, mentada ya por Boman, 1908: 343.  Arranca este ramal de Morohuasi en el Toro superior, pasa por la fortaleza de Tandil [léase Tastil], cruza la quebrada de Las Capillas, rumbo a Potrero de Payogasta y reuniéndose en Payogasta a la ruta imperial.”, finalmente y en relación a los valles bajos templados comenta que “...La prolongación de la ruta por Humahuaca y en línea recta se presenta en los llanos de la Almona de Jujuy y de San Antonio de Perico pasando por La Caldera al valle de Lerma en toda su extensión hasta Guachipas, cuyo ramal a Pampa Grande descubrió el mismo fundador de Salta, el Licenciado Lerma”.  (Strube Erdmann, 1963).

Estos caminos, especialmente los del valle de Lerma, con el tiempo se fueron transformando, mutando y desapareciendo debido al lógico incremento poblacional y a la mayor transitabilidad del valle, hoy, algunos de éstos constituyen rutas, avenidas o calles de la ciudad, otros  fueron sacrificados a favor de la actividad agropecuaria.

Los caminos incaicos en Salta poseen una gran riqueza patrimonial, su estudio arrojó nuevos datos para el registro arqueológico, hecho que propone una revisión para todo el ámbito andino. El excelente estado de conservación de numerosos tramos del camino del Inca en nuestra provincia la posicionan en un lugar de privilegio en el NOA, lo que estimula la investigación y sugiere la socialización y difusión de los mismos, mediante la creación de un museo al aire libre, a través de circuitos pedestres que permitan un acercamiento con la cultura incaica y a la vez una lectura de los paisajes pretéritos cargados de significaciones. Esto propone un recorrido por la rica geografía cultural andina,  que puede hacerse extensivo entre los países que pertenecieron al Tahuantinsuyu.


Alojamientos para el Inca o los viajeros en misión oficial, especie de depósitos donde se almacenaba comida, leña, forraje, ropas, armas y otros productos necesarios para el incanato y su sistema de control estatal.

 

 

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