¿Momias o cuerpos congelados?

Christian Vitry


Los “mallkis” eran las momias artificialmente conservadas de los gobernantes inkas. En el mes de noviembre sacaban los cuerpos de sus moradas para venerarlos. Grabado de Felipe Guaman Poma de Ayala, cronista nativo (1540-1620) de la época colonial

Entre el variado y rico patrimonio cultural de nuestra provincia, se encuentran tres niños inkas que fueron ofrendados en la cima del volcán Llullaillaco, a 6.700 metros de altura, hace ya unos 500 años. Sea por casualidad o causalidad sus cuerpos se conservaron en tan buen estado que, al observarlos, daría la impresión que en cualquier momento se incorporan y “despiertan”.

Este buen estado de conservación de los cuerpos es uno de los motivos que generó cierto rechazo en la comunidad a llamarlos ”momias”.

Por lo general, cuando escuchamos la palabra “momia”, inmediatamente nos remitimos a cuerpos vendados o preparados especialmente para que se conserven, pero casi siempre pertenecientes a culturas lejanas a la nuestra. Sin embargo, el proceso de momificación más antiguo que la humanidad conozca está muy cerca de nuestra región, específicamente en el norte de Chile, donde los arqueólogos estudiaron profundamente a la cultura Chinchorro, caracterizada por el complejo proceso de momificación artificial que realizaban a sus muertos hace unos 7.000 años, unos milenios antes que los egipcios. Esta tradición relacionada con la preparación de los cuerpos para favorecer su conservación tiene una larga continuidad en el mundo andino, encontrándose cuerpos momificados en diferentes lugares de la cordillera, desde hace miles de años como los mencionados Chinchorro, pasando por las momias de la cultura Paracas (700-200 a.C.) y hasta el momento de la expansión y dominio de la cultura Inka.

Los Inkas de la nobleza tenían la concepción que, al morir, se transformaban en ancestros. El Inka muerto continuaba reinando desde su panaca, formada por sus mujeres, sacerdotes, servidores, parientes, entre otros de su Corte, los que tenían la obligación de conservar en buen estado la momia del fallecido, guardar el recuerdo de su vida y logros obtenidos a través de las generaciones.

El nuevo líder que asumía gozaba de todos los poderes y privilegios, pero sus bienes eran limitados, pues estos pertenecían a las panacas de los ancestros que, aunque muertos, tenían poder en el gobierno, a través de su Corte. Por ello el nuevo inka debía procurarse sus bienes conquistando nuevas tierras y fundamentalmente reclutando mano de obra para generar recursos y engrosar los depósitos y ejércitos estatales.

Un conocido cronista, como testigo vivencial de aquellos momentos del contacto hispano-indígena, describe su impresión al observar una de las momias de la nobleza inka: “Acuérdome que llegué a tocar un dedo de la mano de Huayna Cápac; parescia que era de una estatua de palo, según estava duro y fuerte. Los cuerpos pesavan tan poco que cualquiera indio los llevava en brazos o en los hombros, de casa en casa de los cavalleros que los pedían para verlos.” (Garcilaso, I: C. XXIX).

¿Qué es una momia?.

Técnicamente una momia es un cadáver conservado, ya sea artificial o naturalmente, evitando de este modo la descomposición o deterioro del mismo. Para la momificación artificial existen variadas técnicas que cada cultura supo generar y transmitir; en cambio, la momificación natural está limitada a los factores de la naturaleza tales como las bajas temperaturas asociadas a las nieves eternas o lugares elevados como el Llullaillaco; la deshidratación o disecación producida en los lugares secos y aireados, como la Puna o el Norte de Chile y Sur de Perú; la liofilización que proponen algunos investigadores donde se combinan la reducida presión atmosférica, la escasa presencia de oxígeno y las bajas temperaturas, generando un ambiente casi “al vacío” que favorecería la conservación de los cuerpos, como el caso del niño inka del cerro El Plomo en Chile;  o bien, aquellos cuerpos europeos encontrados en el fondo de algunos pantanos, donde las condiciones físicas y químicas inhibieron los procesos bacterianos de la putrefacción.

En este sentido, no es incorrecto llamar a los cuerpos congelados de los niños del Llullaillaco “momias”, pues su conservación se debe a un proceso de momificación natural, ocasionado –entre otros elementos- por las bajas temperaturas, que inhibieron la actividad bacteriana que produce la descomposición.

Más allá del aspecto semántico del término, cuyo empleo queda a criterio personal, hay un elemento que queda flotando en un mar de dudas y que posiblemente nunca sepamos la verdad. ¿Se trató de una casualidad o una causalidad?.

 

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