Los Inkas en Santa Victoria Oeste

Christian Vitry

Topa Inka Yupanqui, fue el primer inka en incursionar por la selva, fue el responsable de la conquista de gran parte de los territorios del sur, es decir el Kollasuyo, donde se encuentra Santa Victoria Oeste.

Grabado de Felipe Guamán Poma de Ayala (1615), cronista de la época colonial

El Departamento de Santa Victoria Oeste ubicado en el extremo noroeste de la provincia de Salta, constituye sin lugar a duda uno de los parajes mas inhóspitos de nuestro territorio. Para llegar a ese departamento se debe atravesar Jujuy por la imponente quebrada de Humahuaca, hasta el límite con Bolivia y luego cruzar un cordón montañoso de 5.000 metros de altura. Por el oriente no hay acceso, pues se encuentra la impenetrable selva de montaña donde se emplaza el Parque Nacional Baritú. Estas circunstancias geográficas que aislaron estas comunidades localizadas en angostos valles y quebradas entre la Puna y la Selva determinaron, entre otras cosas, que el área prácticamente no haya sido investigada desde el punto de vista de la arqueología. Pocos son los investigadores profesionales que se adentraron en esos ríspidos paisajes en busca de indicios del pasado prehispánico. En este reducido grupo debemos considerar al arqueólogo pionero Fernando Márquez Miranda, quien exploró el sector sur de Santa Victoria Oeste durante la década de 1930; el propio pueblo de Santa Victoria y sus alrededores inmediatos fueron estudiados por el arqueólogo José Togo en el año 1970; en la década de 1980 la comarca fue explorada por la arqueóloga Beatriz Ventura, quien hasta la actualidad sigue abocada al estudio de la región oriental del departamento, concretamente en la selva, realizando valiosos aportes de una zona difícil sobre la que no hay información.

A los estudios anteriormente descriptos  se suman en los últimos tres años las investigaciones del autor de esta nota, pero a diferencia de los predecesores, con un objetivo más acotado en la cronología, intentando localizar exclusivamente sitios inkas, cuya presencia efectiva estaba confirmada hasta la Quebrada de Humahuaca y el borde oriental de la Puna en La Quiaca.

Los resultados obtenidos hasta el presente no solo confirman la efectiva presencia de los inkas en toda la región, sino que abre un nuevo panorama sobre los procesos sociales vividos con los pobladores locales en el borde oriental del imperio. Ahora sabemos que esa región antes de los inkas fue habitada por los Chichas, cuyo centro neurálgico se localizaba en el sur de Bolivia, entre los actuales poblados de Tupiza y Tarija.

Las fuentes históricas son coincidentes en señalar que a partir del último tercio del siglo XV los chichas pasaron a desempeñarse en calidad de mitmaq al servicio del Tawantinsuyu y participaron en la construcción y ocupación de guarniciones o pucaras fronterizos, de los numerosos tramos de capacñan (camino inka) que unían al altiplano potosino con los valles mesotérmicos de Tarija; así como del manejo de las terrazas agrícolas, collcas y tampus (Raffino et.al. 2002). Fundamentalmente fueron guerreros de frontera para contener los avances arawakos o guaraníes -despectivamente llamados chiriguanos- que azotaban la frontera oriental sobre los espacios inkaizados (E. Nordenskiold; 1917).  Por tales méritos, fundamentalmente por su desempeño como guerreros del inka, los chichas potosinos fueron honrosamente distinguidos como “orejones de privilegio por sus servicios al Estado” y llegaron a hacer la mita en la “gran corte del Cusco” (W. Espinosa Soriano; 1969).

En Santa Victoria Oeste encontramos sitios Chicha-Inka de gran fuste. Caminos empedrados, chasquihuasis, imponentes y extensas terrazas de cultivo con sofisticados sistemas de irrigación, tambos, centros administrativos para el control de la producción, adoratorios de altura localizados en la cordillera de Santa Victoria y también en montañas del oriente al borde de la selva, centros ceremoniales y otras estructuras originales  que estamos estudiando. Los caminos inkas en la región adquieren una gran relevancia por la energía invertida en su construcción, tanto es así que pese a los cinco siglos transcurridos todavía se mantienen en pie.

Muchos de estos tramos se dirigen a la selva, hecho que nos lleva a inferir un fluido contacto entre los andinos y los selváticos. Numerosas fuentes históricas coinciden en referirse a la frontera con los guaraníes en un espacio de tensión y de permanente beligerancia, sin embargo en esta región la situación parece ser diferente, pues hasta ahora no localizamos en el registro arqueológico pucaras defensivos u otro tipo de arquitectura vinculada con escaramuzas. En este sentido el mérito debió ser de los chichas y por ello fueron nombrados inkas u “orejones” por privilegio.

Los estudios que estamos realizando en Santa Victoria Oeste, Iruya y el noroeste de Orán, pese al poco tiempo que tienen, ya sirvieron para desplazar la frontera del estado inka o Tawantinsuyu prácticamente 100 Km al naciente, incorporando una extensa área antes no considerada bajo el dominio inka, por lo que un nuevo y alentador panorama se presenta y nos motiva a seguir estudiando una región tan inhóspita como hermosa

 

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