El origen del nombre Llullaillaco

Christian Vitry

Los nombres de los lugares y accidentes geográficos son conocidos como topónimos y para poder comprender su significado es indispensable conocer y aprehender el espacio geográfico que lo contiene y su historia, como también la gente del lugar, sus costumbres y tradiciones.

En el noroeste argentino los topónimos indígenas son abundantes. En las líneas que siguen veremos como los estudios toponímicos colaboran, de una manera u otra, en la comprensión del paisaje que observamos; incursionando muchas veces en lo que algunos autores denominan geografía sagrada, que no siempre se muestra pero que permanentemente sugiere. 

Los nombres geográficos expresan la relación existente entre el hombre y la naturaleza. Las diferentes culturas ordenan sus espacios y los resignifican permanentemente. Entendiendo el significado toponímico podemos tener una idea de las características del terreno, indagando además sobre los semblantes de las culturas desaparecidas, desde aspectos básicos como la alimentación, domesticación, hasta los más complejos relacionados con la organización social y religiosa. Por ejemplo, el topónimo “Yacochuya” nos está indicando la presencia de agua cristalina; “Curamayo” quiere decir río importante, grande; “Cachiñal” (originalmente cachiñan) camino de (la) sal, haciendo referencia tal vez a la comercialización prehispánica de este mineral; "Muñano" (originalmente muñayoc) lugar donde hay muña muña (vegetal altoandino); "Incañan", "Ingañan" o "Encañan" camino del Inca; "Incahuasi" casa del Inca; "Chuscha" pata de animal desde la rodilla para abajo; "Chañi" (o Chani) significa importe, precio o valor. Lo que vale una persona o cosa.

Los topónimos anteriormente mencionados provienen del quechua (González Holguin 1608), los que siguen, pertenecen a la ya desaparecida lengua kunza o diaguita atacameña (Rodolfo Schuller 1908):  "Antofalla" significa donde muere el sol o sepultura del sol; "Arizaro" alojamiento o residencia de los cuervos o cóndores; "Chuculaqui" muy luchador;  "Arakar" lugar de osamentas; "Caipe" boca; "Silla" Llama; "Tecar" frío; "Tul tul" noche; "Cauchari" cerro overo; "Oire" tierra; "Catua" roca, peña. "Salin" hermano/a; "Acay" (Acca) según San Román significa la cabeza.  Con respecto a este último topónimo se debe mencionar que en la lengua quechua "Acay" significa estiércol, otros le asignan la significación de escoria metalífera. 

En los pocos topónimos citados se puede apreciar la vinculación existente, tanto con los elementos de la naturaleza, como con los sociales. En algunos casos se puede realizar una analogía directa, ya que no existen dudas respecto a su significado, además, lo podemos comprobar con los sentidos, como en los casos del cerro overo, camino del inca, agua cristalina, etc.; otros, en cambio, son más abstractos y representan un sutil hilo de unión con el pasado.  De allí la importancia de conocer el terreno y todo lo relacionado con él y sus moradores (presentes y pasados), para poder aprovechar la información contenida en los nombres geográficos.

Las interpretaciones atribuidas al topónimo Llullaillaco son muy variadas y a veces sin sustento alguno que las justifique.

El investigador Dick Edgar Ibarra Grasso propone como interpretación del topónimo el de "Montaña del Diablo", ya que este ser, es exclusivamente mentiroso.  Para él "yacu" (agua) no forma combinación normal con la raíz "Llullay" (infinitivo del verbo mentir), razón por la cual se debe buscar el significado en "llacu" y no en "yacu".  "Lla" es una partícula que significa que "se hace exclusivamente una cosa".  Llullaylla significaría entonces "exclusivamente mentiroso"; "cu", opina el investigador, "es partícula que significa el estado". 

Cabe mencionar que a mediados de siglo, el nombre que figuraba en la cartografía era el de "Llullay - Yacú".

Del diccionario quechua de Gonzalez Holguin se puede obtener otra posible interpretación. Llullu se refiere a "una cosa tierna que nace o crece antes de endurecerse", según el investigador Johan Reinhard "Esto podría referirse a Llullaillaco como un volcán activo, donde la lava fluye como agua y luego se endurece" (Reinhard 1994). Otros autores interpretan el término llulla como yuya que significa memoria, recuerdo, razón por la cual interpretan al topónimo como “agua de la memoria o del recuerdo”. 

Por otra parte, se puede considerar como posibilidad, lo mencionado por Felipe Guamán Poma de Ayala, en su obra "Nueva Crónica y Buen Gobierno", de fines del siglo XV y descubierta en 1908.  En la sección destinada a "Ritos y Ceremonias", Guamán Poma, habla de los "Hichezeros de  Zueños" (p.253), los cuales eran llamados LLULLALAICA UMU; entre otras cosas dice "otros hichezeros hablan con los demonios y chupan y dizen que sacan enfermedades del cuerpo y que saca plata o piedra o palillos o guzanos o zapo o paxa o mays del cuerpo de los hombres y mugeres.  Estos dichos son falsos hichezeros; engaña a los yndios ydúlatras." (op.cit.).

Estos hechiceros de los sueños, brujos mentirosos, falsos o hechiceros del fuego, realizaban sus actividades en los adoratorios o lugares sagrados, tales como apachetas, montañas, vertientes u otros lugares del espacio geográfico consagrados socialmente para tal fin.

La investigadora María Cristina Bianchetti, en su libro "Cosmovisión natural de la locura" dice "El Llullallaica Umu basaba su inspiración en el fuego; y como sacerdote presidía las ceremonias dedicadas al sol, la luna y el lucero.[...] ...trabajaba en las cuatro áreas del imperio y realizaba sus ofrendas a través del fuego, posibles luminarias encendidas en las montañas o en las pampas de la Janca,..." (p.33).

Si el Llullallaica Umu presidía las ceremonias dedicadas al sol, realizaba sus ofrendas en las montañas y apachetas, y encendía luminarias en los cerros, no es tan descabellado pensar que el topónimo Llullaillaco, se refiera a esos hechiceros de los sueños, aparentemente tan importantes para los rituales precolombinos.

Por último, y basados en investigaciones arqueológicas y ambientales realizadas en el terreno, se propone justificar el topónimo de manera literal y pragmática, como suelen ser la mayoría de nombres geográfico en el mundo andino. Las  investigaciones realizadas en diferentes sectores de la base del volcán evidenciaron la ausencia de vertientes, sin embargo entre los 5.400 m y 5.800 metros, sobre las laderas ENE, Este, ESE y Sur, se localizaron varias surgientes manifestadas a través de cuerpos de agua de escasa profundidad y algunos cauces provenientes del deshielo con abundante agua, pero de corto recorrido; este sector bien acotado altitudinalmente fue denominado “cota de agua” (Vitry, 2001, 2004a y 2004b).

Esta forma de manifestación del agua permite inferir acerca el significado del topónimo,  "Llulla" significa mentira, cosa engañosa, y aparente y vana o falsa. “Yaku” o “llaco” quiere decir agua (Gonzalez Holguin [1608] 1989). Las montañas son grandes reservorios de agua, es allí donde se producen las precipitaciones en forma de nieve, y desde donde brotan las vertientes que, en el caso del Llullaillaco están ausentes, brotando el agua a través de pequeños cuerpos y cortos cauces en un lugar poco común. Cabe destacar que la disposición de los sitios arqueológicos en el sector oriental está totalmente relacionada con la particularidad hidrogeológica de la montaña.

Otro dato que complementa la interpretación del topónimo lo aporta P. Núñez (1981) haciendo alusión al paso de Pedro de Valdivia por la región, donde su cronista Gerónimo de Bibar relata acerca de un río pequeño cuyo caudal aumentaba paulatinamente a medida que el sol calentaba la nieve de una montaña y con la misma rapidez desaparecía al anochecer; “Sécase este río de tal manera y suerte que dicen los indios, que mal lo entienden, que vuelve el agua arriba a la contra de como ha corrido. Por lo tanto, le llaman los indios Anchallulla, que quiere decir gran mentiroso". El autor que prospectó la zona relacionó el río mencionado por Bibar con la quebrada de Llullaillaco ubicada en Chile, que es por donde pasa el camino del Inka (Nuñez, P. 1981).  Sin embargo, Sanhueza (2005) considera que Anchallulla puede ser el Río Frío, que tiene buena calidad de agua, está próximo a un tambo Inka, por las noches se congela y hacia el nororiente se destaca imponente en el paisaje la silueta del volcán Llullaillaco.

Resumiendo, en la ladera oriental la montaña no posee vertientes en la base, sino que el líquido vital se manifiesta en una cota altitudinal superior a los 5.000 metros; por el occidente el agua surge por la acción del sol y se retrae cuando éste se oculta. Por ello, pese a que existen otras interpretaciones del topónimo llullaillaco, consideramos que la vinculación con el agua y la particular manera que esta montaña la brinda puede ser el motivo de su nombre.

 

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