Caminos del Inca en Salta

Christian Vitry

Alquimia, Revista de la Fundación Capacit-Ar del NOA. Año 1, Nº 2. diciembre de 1999. Salta, Argentina.

"Las obras más importantes que permitieron la expansión territorial y luego el establecimiento de la organización del incario fue, a no dudarlo, la construcción de una vasta red caminera que implicaba puentes, tambos y depósitos.  Pocas naciones podían vanagloriarse en el siglo XV de poseer tan fantástico complejo vial como el Tahuantinsuyu."
(M. Rostworowski, 1988:87)

Quienes tuvieron la oportunidad de transitar por los caminos incaicos, no dudan en confirmar que se trata de una gran obra de ingeniería e ingenio, que denota un profundo conocimiento de la geografía y un gran sentido de la organización y geopolítica. Los Incas, a lo largo de los Andes, construyeron y potenciaron una densa red de senderos y caminos, jalonados por sitios específicos como tampus o tambos, chaquihuasis (casas de los chasquis o mensajeros), puestos de observación, puestos administrativos de control y peaje de los centros de producción minera, agrícola, ganadera entre otros, a lo largo de miles de kilómetros desde el Sur de Colombia, hasta la altura de Mendoza, en nuestro país, y Santiago de Chile, en el vecino.  Todo este sistema estuvo vinculado geopolíticamente con el Cuzco, ciudad sagrada, lugar de residencia del Inca y las deidades, centro neurálgico de todo el sistema.

John Hyslop (1992) fue el arqueólogo que más se dedicó al estudio de la vialidad imperial; él estima que los caminos arqueológicos vinculados con el período incaico, tienen una extensión aproximada de 23.000 Km, los que atraviesan gran parte de los países andinos y representan “la mayor evidencia arqueológica de la prehistoria americana” (op.cit:19).  El Qhapaq ñan o Inka ñan (camino del Inca), era mucho mas que una vía de comunicación que unía los diferentes pisos ecológicos de la vasta geografía del Tahuantinsuyu, representaba la presencia simbólica del poder y autoridad del Estado Inca. El camino estaba exclusivamente destinado a tareas estatales, y existía un riguroso control mediante puestos de peaje, de observación y de vigilancia distribuidos de manera equidistante y conectados visualmente entre sí (Vitry, C. 1999b).  Los caminos incaicos fueron construidos con una finalidad práctica en función del tráfico pedestre de hombres y llamas que, con su capacidad de transportar hasta 30 y 40 Kg en su lomo, eran muy utilizadas para el traslado de minerales y productos de toda índole entre diferentes regiones del imperio.

A pesar de los miles de kilómetros en que se entretejen estos caminos arqueológicos, existen similitudes constructivas, que los hacen característicos y únicos.  Donde el terreno era aplanado trazaban una línea perfecta, a veces de varios kilómetros como el caso de la recta de Tin Tin, actual ruta vehicular de los Valles Calchaquíes que fuera otrora camino precolombino; otro elemento distintivo, fue el de unir dos puntos o localidades empleando la menor distancia posible, sin por ello olvidar u obviar la disponibilidad de agua y la menor inclinación del terreno.  Las diferentes técnicas aplicadas a la construcción de estos caminos, se adaptaban sobremanera a los viajeros, cuyo objetivo se orientaba a reducir a la mínima expresión el esfuerzo y desgaste  físico.
El alto grado de sofisticación constructiva está representado por los puentes fijos, puentes voladizos de madera o roca, puentes colgantes, puentes flotantes, escalinatas, cables carriles, rampas y enormes taludes o paredes artificiales, construidas sobre precipicios y laderas abruptas, a fin de mantener la línea del camino y el nivel altitudinal. (Vitry, C. 1998).

Los caminos en el N.O.A. estuvieron  asociados a la actividad minera en las zonas altas, y a la agricultura en las bajas, también a fuentes de aguas termales.  De todas estas características, quizá la más significativa sea la asociación de los caminos con la minería debido, principalmente, a la riqueza de la región (A.R.. González, 1980).

El prestigioso arqueólogo Dr. Alberto Rex González,  comenta que "La identificación de los caminos incaicos en el  N.O.A. se hace básicamente por la información histórica. Seguidamente por los restos arqueológicos, que solo por excepción se encuentran como ringleras de piedra que delimitan sus bordes, taludes y arreglos especiales del pavimento con lajas". (A.R. González, 1980).
Basado en documentos históricos León Strube Erdmann, realizó un minucioso trabajo de investigación sobre la vialidad imperial de los Incas. Con relación a nuestra provincia, comenta: “Desde el valle de Lerma hay un camino, no muy practicable, por la quebrada del Toro hasta Tunal, donde desemboca el río de Las Capillas para llegar por Papachacra y Putahuasi al Potrero de Payogasta y La Poma o al S. de Payogasta y Cachi; mas la vía única antes de fundada Salta fue y es la quebrada de Escoipe hasta la Cuesta del Obispo (3350 m), donde se trifurca el camino: al N.O. hacia Payogasta y La Poma, al O. hacia Cachi y al S.O. hacia Seclantás y Molinos,...”.  Por otra parte y con relación a los caminos de la Puna dice que: “hay una comunicación desde Pastos Grandes por el abra de Las Pircas a La Poma, pero mucho más al  S.O., mientras por el E. se dilata la hoya del Toro que involucra otra comunicación muy accidentada, mentada ya por Boman, 1908: 343.  Arranca este ramal de Morohuasi en el Toro superior, pasa por la fortaleza de Tandil [léase Tastil], cruza la quebrada de Las Capillas, rumbo a Potrero de Payogasta y reuniéndose en Payogasta a la ruta imperial.” (Strube Erdmann, 1963).     

Luego de tres años de investigaciones y tras recorrer los caminos citados por Strube Erdmann (1963),  Hyslop (1992), Boman (1991), A. Cornejo (1937) y otros que no están registrados en la literatura, se suma un total aproximado de doscientos cincuenta kilómetros de caminos incaicos recorridos, estudiados y documentados en la provincia de Salta. A partir de la evidencia registrada, se está en condiciones de revertir lo expresado hace dos décadas por A.R. González (1980).  Nuestros estudios nos llevan a afirmar que en el NOA se encuentran los tramos de  camino incaico mejor conservados del país y, debido a su alejamiento y excelente grado de conservación, poseen un potencial para la investigación como pocos en los Andes.

Entre las características constructivas registradas en los caminos incaicos de la provincia tenemos, por ejemplo, caminos empedrados, enlajados, encerrados por muros, con taludes o muros de contención, con canales de desagüe cubiertos bajo el nivel del camino o abiertos sobre el mismo, con escalinatas, entre las más representativas. Existen caminos que ascienden por pendientes que oscilan entre los 40 y 70 grados de inclinación, donde los laboriosos constructores debieron cortar la roca para que pase el camino. Cabe aclarar que estamos hablando de  rutas con un ancho promedio de tres metros y generalmente ubicadas por arriba de los tres mil metros de altura sobre el nivel del mar. Como en el Perú, se encuentran también puentes de madera y roca que salvaban  los vanos de las quebradas y cárcavas profundas. Además, caminos que conducen hasta los elevados santuarios de altura, como el caso del volcán Llullaillaco (6.739 m), el Nevado de Chañi (5.900 m), Nevado de Cachi (6.380 m), Nevado de Acay (5.716 m), entre otros. (Vitry, C. 1996; Schobinger, 1986, 1998).

Para llevar a cabo la investigación de los caminos incaicos en la provincia de Salta se utilizó una metodología original, que hasta el presente no se había aplicado en nuestro país en el ámbito de la arqueología. La misma consistió en llevar a formato digital (en programas ACAD) el mapa de las diferentes áreas, utilizando para ello tableta digitalizadora a los efectos de generar un mapa georeferenciado (con las coordenadas geográficas) y con curvas de nivel. A medida que se transitó por el camino arqueológico se fueron tomando posiciones cada cien metros con el  GPS (Posicionador Geográfico Satelital). 

Todos estos puntos luego fueron volcados al mapa digital, obteniendo de esta manera un mapa con la ubicación exacta de cada uno de los puntos relevados. Por otra parte, los mismos datos fueron superpuestos en una imagen satelital  (LANDSAT TM) georeferenciada, lo que brindó la posibilidad de profundizar en los análisis relacionados con el espacio geográfico, la ubicación y distribución de los diferentes sitios arqueológicos, utilizando para tal finalidad métodos y técnicas provenientes de la llamada "Arqueología del Paisaje".

Los caminos incaicos en Salta poseen una gran riqueza patrimonial, su estudio arrojó nuevos datos para el registro arqueológico, hecho que propone una revisión para todo el ámbito andino. El excelente estado de conservación de numerosos tramos del camino del Inca en nuestra provincia la posicionan en un lugar de privilegio en el NOA, lo que estimula la investigación y sugiere la socialización y difusión de los mismos, mediante la creación de un museo al aire libre, a través de circuitos pedestres que permitan un acercamiento con la cultura incaica y a la vez una lectura de los paisajes pretéritos cargados de significaciones (Geertz, 1992). Esto propone un recorrido por la rica geografía cultural andina,  que puede hacerse extensivo entre los países que pertenecieron al Tahuantinsuyu, propuesta de relevancia social, educativa, cultural y turística.

 

Alojamientos para el Inca o los viajeros en misión oficial, especie de depósitos donde se almacenaba comida, leña, forraje, ropas, armas y otros productos necesarios para el incanato y su sistema de control estatal.

La combinación de los sistemas ACAD con datos de GPS, conversores de coordenadas,  mapas georeferenciados, imágenes satelitales y bloques tridimensionales generados con el programa Surfer Acces System, para el análisis distribucional de los sitios arqueológicos y el paisaje, no fue aplicada hasta el momento por otros investigadores en nuestro país en el estudio de caminos arqueológicos.

Para ello es necesario transformar las Coordenadas Geográficas a Gauss Krüger (conversión de LAT/LONG en X/Y), utilizando para tal fin  el programa Cocor.exe (Brandán, E. 1997), programa desde el cual se envían los puntos del GPS al mapa base.

La Arqueología del Paisaje integra los ordenamientos espaciales a través del tiempo,  el paisaje se presenta como un palimpsesto, donde se deben buscar las significaciones atribuidas a través del tiempo (Criado Boado y otros. 1991).  Ese trabajo de reconstrucción de paleo-paisajes nos remite a la "...espacialidad del tiempo en términos de paisajes arcaicos, plasmados por opciones económicas, políticas, culturales e ideológicas." (Molano Barrero, 1997).

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