Caminos ceremoniales en los adoratorios de altura

Los adoratorios de altura se investigan desde hace un poco más de medio siglo y el sistema vial inka desde antes, sin embargo, los caminos ceremoniales que ascienden a las montañas con sitios arqueológicos poseen escasos antecedentes. Su presencia fue mencionada en algunas publicaciones (Rebitsch, 1966; Niemeyer y Rivera, 1981, Nuñez, P. 1981; Reinhard, 1983, 1997; Beorchia, 1987; Hyslop, J., 1992; Lynch, 1995;  entre otros), sin embargo, no fueron objeto de estudios sistemáticos hasta hace relativamente poco tiempo cuando las investigaciones de los adoratorios de altura se empezaron a integrar al sistema vial Inka de una manera más detallada y contextual, (Astuhuamán Gonzáles, C. 1999a y b; Vitry, C. 2000, 2001b, 2004a y b; y González Turu y Vitry, 2006), abordando el estudio de los caminos ceremoniales de las altas montañas como elementos de importancia para la comprensión de la geografía sagrada y el paisaje cultural andino.

Los caminos que ascienden por las escarpadas laderas hasta la cima de las montañas que fueron objeto de culto en tiempos prehispánicos, no son simples vías que conducen hacia los lugares donde se celebraban los ritos, se trata de caminos ceremoniales, cargados de un simbolismo religioso especial y utilizados por una elite en circunstancias especiales. Fueron los canales de comunicación y acercamiento con los apus, a quienes iban a propiciar ofrendas con fines tanto religiosos como políticos.

De los adoratorios de altura conocidos y estudiados en la cordillera de los Andes, el volcán Llullaillaco, con sus 6.739 metros,  es la montaña más elevada donde los Inkas hayan construido caminos, recintos habitacionales y ceremoniales para ofrendar seres humanos a los apus.

El volcán Llullaillaco se ubica en la cordillera de los Andes a los 24º 20’ de latitud en el límite internacional entre Argentina y Chile. Desde el punto de vista morfoestructural se encuentra emplazado en la región de la Puna que es la continuidad del desierto de Atacama (Chile) y  el Altiplano de Bolivia, constituyendo uno de los lugares más áridos del planeta. Fisiográficamente  posee una forma elíptica con el eje mayor en sentido este-oeste y un diámetro de aproximadamente 20 Km. Se trata de un estrato-volcán del cuaternario formado por el apilamiento de coladas lávicas y piroclásticas, conformando un voluminoso edificio de lavas dacíticas calcoalcalinas ricas en potasio sobre las rocas del antiguo basamento de la Puna (Alonso, 1999; Strahler y Strahler, 1989:252).  Se lo considera en estado de latencia debido a los registros de actividad eruptiva registradas en 1854, 1868 y 1877 (Alonso, 1999).

Dada a la extrema aridez de la región este volcán carece de glaciares, poseyendo solo algunos planchones de nieve por encima de la cota de 6.000 metros de altura.

Investigaciones realizadas en diferentes sectores de la base del volcán evidenciaron la ausencia de vertientes, sin embargo entre los 5.400 m y 5.800 metros, sobre las laderas ENE, Este, ESE y Sur, se localizaron varias surgientes manifestadas a través de cuerpos de agua de escasa profundidad y algunos cauces provenientes del deshielo con abundante agua, pero de corto recorrido; este sector bien acotado altitudinalmente fue denominado “cota de agua” (Vitry, 2001, 2004a y 2004b).

Esta forma de manifestación del agua permite inferir acerca el significado del topónimo,  "Llulla" significa mentira, cosa engañosa, y aparente y vana o falsa. “Yaku” o “llaco” quiere decir agua (Gonzalez Holguin [1608] 1989). Las montañas son grandes reservorios de agua, es allí donde se producen las precipitaciones en forma de nieve, y desde donde brotan las vertientes que, en el caso del Llullaillaco están ausentes, brotando el agua a través de pequeños cuerpos y cortos cauces en un lugar poco común. Cabe destacar que la disposición de los sitios arqueológicos en el sector oriental está totalmente relacionada con la particularidad hidrogeológica de la montaña.

Otro dato que complementa la interpretación del topónimo lo aporta P. Núñez (1981) haciendo alusión al paso de Pedro de Valdivia por la región, donde su cronista Gerónimo de Bibar relata acerca de un río pequeño cuyo caudal aumentaba paulatinamente a medida que el sol calentaba la nieve de una montaña y con la misma rapidez desaparecía al anochecer; “Sécase este río de tal manera y suerte que dicen los indios, que mal lo entienden, que vuelve el agua arriba a la contra de como ha corrido. Por lo tanto, le llaman los indios Anchallulla, que quiere decir gran mentiroso". El autor que prospectó la zona relacionó el río mencionado por Bibar con la quebrada de Llullaillaco, que es por donde pasa el camino del Inka (Nuñez, P. 1981).  Sin embargo, Sanhueza (2005) considera que Anchallulla puede ser el Río Frío, que tiene buena calidad de agua, está próximo a un tambo Inka, por las noches se congela y hacia el nororiente se destaca imponente en el paisaje la silueta del volcán Llullaillaco.

Resumiendo, en la ladera oriental la montaña no posee vertientes en la base, sino que el líquido vital se manifiesta en una cota altitudinal superior a los 5.000 metros; por el occidente el agua surge por la acción del sol y se retrae cuando éste se oculta. Por ello, pese a que existen otras interpretaciones del topónimo llullaillaco, consideramos que la vinculación con el agua y la particular manera que esta montaña la brinda puede ser el motivo de su nombre.

Camino ceremonial del volcán Llulaillaco

Los caminos arqueológicos que ascienden al volcán Llullaillaco fueron descriptos en primera instancia por Rebitsch durante la campaña de 1958. Encontrándose a una altura próxima a los 6.500 m, el autor  expresa: “Hemos llegado a un camino derruido, con viejas murallas de sostén, colocado en zig-zag. Vemos uno que otro trozo de leña, que alguna vez dejó caer un agotado cargador indígena” (Rebitsch, 1966:63). En la campaña de 1961 el mismo autor vuelve a localizar otro tramo de camino a mayor altura que el descrito anteriormente: “En la ladera pedregosa, entre el “portezuelo” a 6.550 m y la  zona de la cumbre, a 6.700 m, pueden reconocerse todavía en algunos lugares los restos de una angosta escalinata dispuesta en zig-zag, reforzada con pequeños y bajos muros, y algunos trozos de ramas encajados entre pedruscos.” (Rebitsch, 1966:70).

En 1974 Beorchia localizó un segmento de camino empedrado en la base de la montaña, cerca del cementerio a 4.900 m, asimismo aporta el dato brindado por el guía Celestino Alegre acerca de la existencia de un tramo de camino proveniente de Chile (Beorchia, 1987:120). Hyslop se refiere brevemente a este tipo de caminos como de carácter religioso y excepcional, publica una fotografía  del Llullaillaco que muestra un segmento de camino tipo despejado a 5.400 m. (Hyslop, J., 1992:90 - fig. 4.2). Reinhard (1997) menciona en su artículo en varias oportunidades la presencia de sendas y caminos que vinculan los sitios relevados. En 1999 fueron localizados numerosos segmentos del tramo que van desde la base hasta la cima (Vitry, 2001), a partir de allí se iniciaron investigaciones específicas mediante el empleo de una metodología adaptada al tipo de problemática y terreno (Vitry, 2004 a y b; 2005).

Se registraron tres caminos que llegan al volcán provenientes de diferentes sectores: 1) Oeste, desde el Salar chileno de Punta Negra (Niemeyer y Rivera, 1981, Lynch, 1995); 2) Norte - Nornoreste, del límite internacional Socompa (Nuñez, P., 1981); y 3) Sureste, proveniente de la zona del Salar Llullaillaco en territorio argentino.

Estos caminos, de un ancho que oscila entre los 3 m y 1,50 m, se encuentran por segmentos de hasta centenares de metros longitudinales entre los 3.800 m y los 5.000 m los mismos son de tipo despejado y en pocos segmentos se hallan amojonados o con pequeños muros de contención. En partes pueden notarse claramente  la arquitectura inka, tanto por el tipo de construcción, como por su trazado rectilíneo en el terreno (Lynch, T., 1996:197).

Los caminos de los sectores Norte y Oeste se unen en un Tambo ubicado a 5.200 m que es el sitio con mayor cantidad de recintos de todo el complejo arqueológico del volcán Llullaillaco, y punto de partida hacia la cumbre. El camino proveniente del Este, luego de pasar por un cementerio prehispánico a 4.900 m, se dirige hacia el Tambo.

Caminos desde los 4.900 metros hasta 6.000 metros

Desde la cota de 4.900 m la pendiente que tenía entre 3º y 12º cambia y se torna más escarpada con un promedio de 25º y este cambio morfológico del terreno tiene su correlato con el tipo de construcción de la vía. Desde el Tambo parte un camino de tipo despejado pero adaptado a las geoformas, no son geométricos como los inkañán observados en zonas montañosas más bajas, sin embargo poseen elementos arquitectónicos de filiación inka.

Esto podría tratarse de una respuesta adaptativa al terreno o bien la posibilidad de que los constructores fueran locales. Su construcción es simple, pero denota un profundo conocimiento del terreno, pues está trazado por los sectores más firmes de la montaña, adaptándose a las diferentes irregularidades por donde atraviesa y evitando los sectores de escorrentía en épocas de deshielo. Su ancho oscila entre los 1,50 a 2 metros, es de tipo despejado sin amojonamiento lateral, nivelado en sectores, asciende por la ladera serpenteando, sin formar quiebres bruscos en las curvas, buscando siempre la menor pendiente. En este sector el camino atraviesa por dos sitios ubicados a 5.548 m y 5.711 m citados en la bibliografía como ruinas intermedias (Reinhard, J. 1997:110).

Debido la proximidad con las vertientes, ambos  sitios estarían relacionados con el aprovisionamiento de agua de todo el complejo arqueológico. En este sentido existen dos sendas formadas por el tránsito que se diferencian de los caminos formalmente construidos que venimos describiendo. Una proviene del sector del cementerio y se dirige por una colada basáltica hacia un sector de vertientes formada tanto por pequeños cuerpos de agua como por cortos arroyos entre los 5.450 m y los 5.700 m. La otra senda parte desde una estructura de planta circular ubicada a los 5.711 m hacia el norte rumbo al Morro Triángulo, en cuya parte posterior se encuentra un cuerpo de agua y pequeños torrentes en el camino.

Caminos desde los 6.000 m hasta la cima

A partir de los 6.000 metros se produce un nuevo cambio de pendiente, llegando en algunos sectores a tener 45° de inclinación. El camino arqueológico se adapta a la nueva situación mediante un trazado en zigzag, en este caso con cortes bruscos, generando clases de curvas de tipo angulosa cerrada (Vitry, C. 2000:193) con mojones de rocas y  maderas o troncos de casi un metro de longitud ubicados en cada curva del zig-zag, los cuales estuvieron erguidos cuando el camino era utilizado y servían para indicar el derrotero en caso de nevadas.

La presencia de maderas en los costados de los caminos fue común en los desiertos andinos, pero no se había registrado hasta el presente en las altas montañas (Hyslop, J. 1992:58). Cabe destacar que los lugares más cercanos para la obtención de madera leñosa se encuentra a más de cien kilómetros de distancia, por lo cual no estamos de acuerdo con la interpretación de Rebitsch cuando expresa: “Hemos llegado a un camino derruido, con viejas murallas de sostén, colocado en zig-zag. Vemos uno que otro trozo de leña, que alguna vez dejó caer un agotado cargador indígena” (Rebitsch, 1966:63). Al observar la regularidad de los maderos en las esquinas de las curvas nos queda claro que forman parte del camino.

Estas características son constantes hasta el Portezuelo del Inka ubicado a 6.500 metros, donde se emplazan unas ruinas de gran porte que fueran excavadas por Rebitsch en 1958 y 1961. A partir de esta cota el terreno se suaviza y la pendiente disminuye notablemente hasta alcanzar un promedio de 20º de inclinación. Desde esta altura y hasta la cima el camino cobra mayor visibilidad y espectacularidad, debido a que posee muros de contención que sirvieron para nivelarlos sobre la ladera, pudiéndose apreciar también algunas hileras de rocas que lo demarcan perfectamente.

Es en este sector donde Rebitsch comenta: “En la ladera pedregosa, entre el “portezuelo” a 6.550 m y la  zona de la cumbre, a 6.700 m, pueden reconocerse todavía en algunos lugares los restos de una angosta escalinata dispuesta en zig-zag, reforzada con pequeños y bajos muros, y algunos trozos de ramas encajados entre pedruscos.” (Rebitsch, 1966:70). En los últimos metros del volcán se aprecian dos caminos, uno que se dirige hasta la plataforma donde fueron enterrados los niños inkas ofrendados y otro que asciende hasta la cima propiamente dicha. El primero bien marcado con una hilera de rocas a cada lado; el segundo con muros de contención y un cerrado zig-zag hasta la propia cúspide del Llullaillaco.

 

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